Norma Valle

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Abuelas

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Las Abuelas de Plaza de Mayo divulgaron hace unos días la identificación del nieto número 109, treinta y siete años después de su secuestro por las fuerzas del terror en Argentina durante los aciagos tiempos de la dictadura (1976-1983). Las Madres y luego las Abuelas de la Plaza de Mayo se organizaron para manifestarse semanalmente desde entonces y pedir, exigir, luchar por que se les devuelvan sus hijos y sus nietos, esos pequeñines ajenos a la tragedia que arrasaba su país.

De visita en Buenos Aires para mediados de la década de los noventa tuve el privilegio de conocer de la mano de una querida amiga a Laura Bonaparte, una de las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, quien tuvo ¡siete! pérdidas durante la dictadura. Recientemente fallecida, la recuerdo como una mujer de una firmeza y valentía extraordinaria que con dulzura profunda me contó su historia: desaparecidos o asesinados un hijo, dos hijas, dos yernos, y el padre de sus hijos. Cualquier otra persona por menos que eso hubiera perdido la cordura, pero Laura, generosa y solidaria, sobrevivió para luchar por la familia grande argentina. Me presentó a su nieto Hugo (sus padres fueron asesinados) por quien sus ojos reflejaban un amor insondable.

También en la Argentina milita con eficacia otra organización, se trata del Programa de Abuelas Cuentacuentos, fundada en el 1999 con el propósito de “llevar lecturas a quienes comienzan la vida, otorgándoles una oportunidad de acceder al libro y de ejercer su derecho a la lectura”. Pienso que es una maravillosa idea que nuestras abuelas, muchas que tienen a sus propios nietos en la diáspora boricua, puedan leerle cuentos a los niños y niñas de Puerto Rico. En plazas, parques, bibliotecas, salones de clase.

Más pienso también en tantas de nuestras abuelas, aquellas que viven en la pobreza o rondándola y que se ven obligadas a hacerse cargo de nietos y nietas cuando sus madres y/o padres mueren jóvenes, estan confinados o sencillamente abandonan a sus retoños. ¡Qué vida dura la de esas abuelas! A esas también tenemos que ayudarlas, son las víctimas colaterales de la guerra que se vive en nuestras calles cotidianamente.

Abuela, abu, abi, abue, mamita, abuelita. Palabras que como dice el poema de Gautier nombran el “pensamiento grato como el recuerdo de un amor profundo”… Ahora que yo también soy abuela comprendo a Laura Bonaparte, a las Abuelas de Plaza de Mayo, a mi madre, a mis amigas del alma, y también a las puertorriqueñas que luchan contra el terror callejero.

Comprendo ese amor de abuela tan profundo que va más allá de la inteligencia y la conciencia y se centra en la emoción. Y aunque resiento la cursilería también puedo entenderla. Se trata de expresar de una y mil maneras el amor por el hijo o la hija que se extiende, que se manifiesta en unos enormes ojos que sonríen. Así son los de mi nieto en los que me miro todos los días.

El Vocero- 13 de agosto de 2013

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