Norma Valle

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Como estamos en verano y todo el mundo parece estar de vacaciones me da por pensar en algunos de mis lugares favoritos, esos a los que volvería sin pensarlo dos veces, en los que cerré los ojos sobrecogida para preservar su belleza en mi imaginación. Me refiero a Cartagena de Indias, Antigua Guatemala y el Valle Sagrado de los Andes.

Me considero más que turista, una viajera. Prefiero evitar las aglomeraciones por lo que usualmente viajo en otoño, sin embargo, reconozco que para las familias con niños y niñas, así como para muchos trabajadores el verano es la fecha idónea de los viajes. Pues les cuento que pienso que nadie debe morir sin visitar por lo menos una vez estos maravillosos lugares.

Los tres lugares que escojo, Cartagena, Antigua y el Valle Sagrado tienen una mezcla extraordinaria de naturaleza exuberante, construcciones antiguas impresionantes y ambiente acogedor. Además, tienen la cualidad exquisita de la inocencia, como que el turismo furioso les deja de lado y siguen siendo lugares auténticos. Sus ciudades no son enormes sino que conservan un número de habitantes que las hace humanas.
Cartagena de Indias esta ahí al lado en la costa colombiana. Es una de las ciudades muradas de América como el viejo San Juan. Y como San Juan también esta muy restaurada pero con mayor fidelidad a sus orígenes coloniales. Ahora, Cartagena es una ciudad lúdica, allí se escenifican varias de las novelas de Gabriel García Márquez, especialmente “Del amor y otros demonios”. Recorrer sus callejuelas es adentrarse en la ficción, en el Convento de Santa Clara (hoy hermoso hotel) podemos reconocer escenas de la novela y casi podemos ver los personajes caminando presurosos por sus adoquines.

El Valle Sagrado de los Incas en el Perú está ubicado entre los poblados de Písac, Ollantaytambo y Sacsayhuaman. Se puede llegar desde Cusco. Recuerdo que cuando me acercaba observé una de las imágenes más hermosas y memorables de mi vida. La luz sobre el valle resaltaba sus colores verdes, marrones y amarillos, las terrazas sembradas de maíz, los riachuelos dividiendo los sembradíos cuadrados, las poblaciones intercaladas. Un enorme arcoiris nos iluminó el caminó, “siempre hay arcoiris” nos dijo el guía mientras yo suspiraba. Y luego, su gente con sus ferias de artesanía. Ay, quiero volver…

La ciudad de Antigua en Guatemala es diferente, enclavada en un valle entre volcanes ha sido parcialmente destruida en varias ocasiones (1773, 1776), pero es resistente y sus habitantes y visitantes quieren que siga con vida, una de ensueño. Para mi, tiene las edificaciones más hermosas de los tres lugares, el barroco se detuvo en Antigua por lo que sus iglesias, palacios y arcos son de una belleza inconmensurable, parecería que cada piedra habla y cuando alzas la vista te encuentra con la belleza traicionera de un volcán. La temperatura es exquisita lo que permite los paseos vespertinos que invitan a pensar y meditar. La escritora chilena Marcela Serrano fijó en Antigua su novela “Nuestra Señora de la Soledad” por lo que la ficción se entrelaza con la realidad.

Bueno, bueno, no sigo porque me pierdo en recuerdos y en los deseos de volver. Les recomiendo viajar a estos tres lugares en el mundo que también pueden ser suyos.

El Vocero, 9 de julio de 2013.

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