Norma Valle

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Los nuevos malos de la película

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Desde que el cine es cine, la industria estadounidense lo ha utilizado con sabiduría maquiavélica para influir la sociedad de forma que responda a la agenda política del momento. ¿Recuerdan los filmes de indios y vaqueros? Pues claro, los cowboys eran los buenos, los indios los malos que reunían cruel y salvajemente los cueros cabelludos de las personas. Esa imagen acompañó y legitimó la conquista del oeste, el genocidio que recluyó hasta el sol de hoy a los indígenas en “reservaciones” en su propio suelo.

Luego vinieron los filmes de los detestados nazi fascistas. Odiamos con vehemencia (y todavía se hace) a los alemanes, fueran o no nazi. Más, la llamada guerra fría que vino después tenía otro “malo”: el soviético, el ruso, comunista donde quiera que estuviera. La película “The Spy Who Came in from the Cold”, basada en la novela del mismo nombre de John Le Carré pavimentó el camino para más y mejores filmes de espías, ya lo había establecido el macarthismo basta con raspar un poco la superficie para encontrar un comunista.

La televisión se convirtió pronto en uno de los medios masivos más influyentes de los sesenta y allí se trasladaron las series de espías que crearon sospecha del vecino más allá de toda duda razonable. Claro, ese vecino o vecina era usualmente en la imaginación popular el inmigrante extranjero, el otro, contra quien se podía sospechar o discriminar.

Ahora es el terrorismo árabe el nuevo malo de la película y es en series que van desde lo pedestre a lo francamente extraordinario que se presenta el espionaje. La rabiosa persecución de árabes que hablan un idioma inescrutable, que visten diferente y cuya religión es el Islam es el argumento de algunas de las series estadounidenses más populares. Se introduce un nuevo protagonista el agente de la Mossad, la agencia de inteligencia israelí, que se describe como poderosa, eficiente y aliada de la CIA de los Estados Unidos. Ellos estan del lado de los buenos, mientras que Al-Qaeda y todo árabe esta del lado de los malos.

Las series más populares son NCIS (la original), Covert Affairs y la excelente Homeland. Mossad, Al-Qaeda, la CIA, et als luchan contra el terrorismo árabe con razón y sin razón al tiempo que nos cautivan sus protagonistas, los buenos. Con Homeland se introduce un nuevo elemento el doble espía, el veterano de Iraq que regresa y resulta ser un ser humano a quien le han lavado el cerebro y ahora responde a las órdenes de los terroristas árabes.

No podemos condonar el terrorismo venga de donde venga, la violencia es condenable, pero tampoco podemos perder de perspectiva que el mundo no es maniqueo, no solo hay gente totalmente buena o totalmente mala, estan los matices. En series como Homeland sí se presenta que todos los países tienen su agenda política y que los protagonistas de uno y otro lado tienen una profundidad extraordinaria con todos las vertientes de su humanidad. Estas series conforman la imaginación de los sectores populares, tenemos que verlas con ojo crítico para evitar que las actitudes contra las comunidades y países árabes se conviertan en prejuicio descarnado.

 

El Vocero, 14 de mayo de 2013

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