Norma Valle

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Urgen cambios en la Sanse

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Para el atardecer del jueves 17 nos dimos cita en la esquina de la San Sebastián con la San Justo, esperábamos la parranda de los cabezudos que dieron inicio a las ya famosas fiestas de la Calle San Sebastián del Viejo San Juan. Acompañamos los cabezudos de Felisa Rincón y Ricardo Alegría junto a los tradicionales del General y otros emblemáticos personajes. Seguimos con Betances, Oller, Campeche y Tite Curet, creación del grupo Agua, Sol y Sereno. Acompañamos los pleneros y seguimos hacia las artesanías.

Hermosas las creaciones de nuestros artesanos y artesanas, de artistas jóvenes y mayorcillos. Asistentes visitaron las carpas, miraron, admiraron y hubo quien compró. Ballajá, el Asilo de Beneficencia, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, el Museo de las Américas, la Escuela de Artes Plásticas, la Galería Nacional, las paredes de la Calle San Sebastián conspiraron para armar una oferta auténtica, que era a la vez novel y tradicional.

Uno de los momentos cumbres para mi fue cuando cientos de personas de todas las edades y género se unieron en un paso rítmico al son de salsa y bailaron en la plaza del Quinto Centenario. ¡Qué sentimiento de unidad!

Y sin embargo, qué triste estuvo en general esta edición de las Fiestas de la Calle San Sebastián, a pesar de ciertos segmentos de belleza y confraternidad. Las Fiestas fueron durante más de cuatro décadas, fiestas de su calle. Su origen religioso y cultural permitió que con el tiempo se insertaran en su celebración los artistas plásticos y los artesanos que la apropiaron como suya, para compartir su obra de forma humilde sin pasar por el trauma de la comercialización.

Este año, sin embargo, las Fiestas llegaron a un punto culminante ya que junto con las parrandas legítimas y la buena oferta de artesanías y arte, convivió el ruido ensordecedor y el irrespeto por residentes y comerciantes, que no fueran de bebidas alcohólicas y comida. Hubo un motín y una persona fue asesinada, mientras que la población sanjuanera que no estuviera en plan de fiesta tuvo pérdidas irreparables, de tiempo, de espacio vital, de tristeza de las personas viejas y enfermas que no pudieron descansar de las mascotas cuya audición es tan sensible.

A pesar de lo sucedido, creo que ha sido un milagro que no ocurrieran más atrocidades, pues presencié en la apretada muchedumbre que deambulaba por las adoquinadas calles del casco a padres y madres con bebitos casi recién nacidos y cientos de menores de edad parvularia sufriendo el ruido de bocinas, vuvuzelas y pitos, empujones y gritos.

¿En qué momento se perdió el norte de esta hermosa y autóctona conmemoración?

Las Fiestas dejaron toneladas de basura en las calles, daño a las propiedades privadas y el recuerdo de una pesadilla para muchos residentes. Además, se han puesto a pensar cuánto daño le hacen a las estructuras antiguas las vibraciones de los ruidos a volúmenes antihumanos.

Valdría la pena preguntarle a las personas que asistieron a las Fiestas, muchos “guaynabitos” de toda la isla, mezclados por moda con “el pueblo”, si le gustaría que sus urbanizaciones y barrios fueran invadidos durante cuatro días por una muchedumbre de medio millón de personas gritando y vulnerando su espacio.

No busquemos culpables del caos en diferentes aspectos de las Fiestas de la San Sebastián 2013, pero debemos auscultar lo que debemos hacer todas las partes envueltas para sanear la celebración para el próximo año. Creo que mis 38 años de residente del Viejo San Juan me cualifican para hacer algunas sugerencias.

--Las fiestas deben ser solamente en la Calle San Sebastián y su lógica extensión, a Ballajá, Plaza del Quinto Centenario, área del Asilo de Beneficencia. (La extensión de las fiestas a todas las plazas de San Juan (lo que lleva haciéndose durante los últimos años) permite el deambular de asistentes bebiendo alcohol por todas partes dejando una huella de basura y alcohol, así como de sus propios desperdicios.)

--Las tarimas de música deben ser solamente en las Plazas de la San Sebastián y con controles de volumen y horario.

--Eliminar todas las parrandas con pancartas comerciales. (Este año hubo de Advil, Banco Popular, Coca Cola, Grupo Ferré Rangel, Medalla, Coors Light, entre otras.)

--Volver a poner controles de bebida, para que la gente no salga con bebidas en la mano de la Calle San Sebastián.

--Tener un Código de Conducta, que elimine el uso de bocinas, pitos, vuvuzelas y que prohiba orinar en los portales de las casas y edificios.

--Prohibir el expendio de bebidas alcohólicas y de comida en lugares sin licencia.

Termino, por ahora, exhortando a las autoridades y al pueblo solidario de Puerto Rico a restituirle a las Fiestas de la Calle San Sebastián su carácter cultural y religioso, en homenaje al patrimonio construido, en respeto a los residentes y comerciantes de la vieja ciudad que posiblemente es el grupo que mejor representa y protege su legado histórico.

 

El Vocero, 21 de enero de 2013

 

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