Norma Valle

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Espacio para pensar

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Esta semana rebuscando en una librería ambulante encontré un libro hermoso: “La cabaña de Heidegger, Un espacio para pensar” (2006). El autor, Adam Sharr, arquitecto y catedrático británico, en un texto breve, casi tan breve como la misma cabaña del filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976) explora el espacio físico donde el pensador escribió sus trascendentales manuscritos. Heidegger influyó en el existencialismo y la fenomenología y su libro “Ser y tiempo” es considerado uno de los más importantes del Siglo XX.

Pero volvamos a su cabaña. Ubicada en un valle cerca de Friburgo, una de las más importantes ciudades de la famosa Selva Negra alemana, la cabaña fue diseñada a petición de Heidegger pequeña, funcional, sin electricidad ni agua corriente, en medio de las montañas, con una naturaleza exuberante y un bosque hermético. Allí, enclavada en las profundidades del verdor en verano y la nieve en invierno, Heidegger desarrolló su espacio para pensar.

Diariamente hacía largas caminatas por el bosque, ocupado en sus disquisiciones. Fueron muchas las visitas que recibió en la cabaña, donde en una mesa llena de flores silvestres, su esposa Elfride servía platos y compartía conversaciones. El arquitecto Sharr señala en su libro cómo el espacio físico de la cabaña y su entorno fueron material esencial en el pensamiento de Heidegger.

Nunca he visto la cabaña de Heidegger, pero de niña visité la cabaña original que tenía Luis Muñoz Marín (1898-1980) en Trujillo Alto. Era humilde, rústica y también le servía al segundo gobernador puertorriqueño de esta isla como espacio para pensar. Muñoz discutía con sus amigos y allegados de múltiples nacionalidades y vertientes del saber. Las fotos ofrecen testimonio de esa vida intelectual que se desarrollaba en la cabaña de Trujillo alto, que en ese entonces quedaba lejos de San Juan y apartada por la también exuberante naturaleza, esta vez del trópico.

Heidegger fue y es todavía una figura controversial, también lo es Luis Muñoz Marín. Sin embargo, no hay duda que el espacio para pensar que se forjaron redundó en ensayos lúcidos y enjundiosos a diferentes niveles. Me pregunto qué espacio para pensar han desarrollado líderes del presente. ¿Dónde, oh, dónde, desarrollan sus ideas Luis Fortuño y Alejandro García Padilla, entre otros? Esas ideas que tanto necesita Puerto Rico, fundamentadas en la realidad, con vocación democrática y proyectadas con rectitud hacia el futuro.

 

El Vocero, 13 de septiembre de 2012

 

Twitter: @nvalleferrer

http://normavalle.com

 

 

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