Norma Valle

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Otoño eleccionario

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“…la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza”,
Gabriel García Márquez.

 

En estos días la Fundación de Nuevo Periodismo rindió homenaje a nuestro Gabriel García Márquez, autor de las novelas real maravillosas que dieron vida a todo nuestro mundo latinoamericano en la década de los setenta. Nunca ha visitado Puerto Rico, por lo menos que sepamos, pero nos conoce como pueblo caribeño colonial. De hecho, en uno de sus más importantes reportajes “Relato de un náufrago” (1970) describe a los marineros del barco como cantando y moviéndose al estilo de Daniel Santos, el “inquieto anacobero” boricua que enardecía a los pueblos de todo el continente.

La obra de García Márquez, tanto la periodística como la de ficción, influye de tal forma el imaginario puertorriqueño que es común escuchar cuando analistas, periodistas y gente de todas las vertientes de la sociedad llaman a Puerto Rico “Macondo” o a una gran abuela “la Úrsula” de la familia, para citar de su novela “Cien años de soledad” (1967).

Sin embargo, la novela que debe invocarse más adecuadamente y de forma frecuente para entender a Puerto Rico es “El otoño del patriarca” (1975). La cita de epígrafe de esta columna es parte de la primera oración de esa extraordinaria novela que describe la corrupción desnaturalizada que sufre un pueblo debido al ansia de poder, la ambición y el egoísmo de sus gobernantes.

La mediocridad llevada al tope del éxito, la mentira institucionalizada, el deterioro de su obra grande, las gentes del pueblo intimidadas, dispuestas a vender su vida por una dádiva del gobierno benefactor, el procerato contratado asintiendo a todo, de eso trata el otoño del patriarca. ¿Que cuál es la relación que tiene con nuestra realidad? Pues toda la del mundo. Cada vez hay más patriarcas, pero más se avecinan sus inviernos. Se acerca el invierno cuando durante el otoño se resquebraja su poderío y se comienza a vislumbrar la verdad. No la de uno u otro partido, sino la verdad sin cortapisas en el país.

Las elecciones del otoño boricua estan próximas con un proceso farragoso que no deja espacio para la transparencia en las transacciones gubernamentales ni en los discursos de los candidatos de los principales partidos políticos. Todavía tenemos algunos días para deambular entre tanta palabrería superflua de anuncios y enunciados. Tenemos que separar un tiempo para el silencio en el cual tomemos las decisiones correctas con respecto a la política en este otoño eleccionario que cada vez se parece más al del patriarca de García Márquez.

(Publicado en El Vocero, 22 de octubre de 2012)

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