Norma Valle

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Este domingo la acción más lógica es la de contestar con un NO y NO a las preguntas del referéndum.

Hoy somos lo que somos. Podríamos traducir este concepto diciendo que en términos políticos los puertorriqueños y puertorriqueñas nos regimos al interior del país, más o menos, por la amable constitución del Estado Libre Asociado. Aunque para la cultura china sesenta años no sería nada, para la mayoría de nosotros este espacio de tiempo es toda una vida. Nos hemos acostumbrado a decir que la constitución que anima el ELA es progresista –en el buen sentido de la palabra—con igualdad de género ante la ley, el derecho de los obreros a organizarse y hacer huelga y el derecho absoluto a la fianza en espera de un juicio, que debe ser, por supuesto, libre de prejuicios.

Desde el mismo momento de su aprobación en el 1952, la Constitución de Puerto Rico tuvo sus detractores. Activistas independentistas y nacionalistas se opusieron al documento, mientras que las minorías estadista republicana y socialista la apoyaron. A pesar de todos los avatares, la Constitución esta vigente y aunque no dirige los destinos de un país soberano, es un estatuto sobrio, que emana derechos civiles y humanos. Quienes quieren cambiarla profundamente abogan por una nueva asamblea constituyente.

El sector de la ciudadanía que aspira a modificar la Constitución o redactar una nueva proviene de organizaciones comunitarias, profesionales y políticas que entienden que el pueblo de Puerto Rico se merece la soberanía, con más y más amplios derechos, nunca menos.

Más, los cambios que se proponen en el referéndum del próximo domingo, 19 de agosto, son superficiales. La disminución del número de legisladores y la limitación del derecho a la fianza serían parchos mal puestos con propósitos político partidistas, articulados de forma muy confusa. Estas modificaciones a la Constitución no resuelven el despilfarro legislativo ni la criminalidad, sino que sirven de gancho emocional a hombres y mujeres que sufren el desbarajuste del mismo gobierno que lo creó.

Este domingo la acción más lógica es la de contestar con un NO y NO a las preguntas del referéndum. Debe guardarse la energía vital para cuando llegue el momento preciso de hacer cambios necesarios y abarcadores en una Asamblea Constituyente. Esa asamblea deberá tener la representación democrática de hombres y mujeres de todas las ideologías que animan el espectro político de Puerto Rico. Entonces, y solo entonces, un referéndum sería adecuado.

 

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