Norma Valle

Font Size

Profile

Menu Style

Cpanel

Voracidad cultural

  • PDF

Dirigentes de gobiernos intentan borrar fechas y lugares históricos imponiendo unos sobre otros. Eso es lo que ha pasado con el 25 de julio.

Uno de los recuerdos más vividos que tengo de mi primera visita a México fue apreciar su arte indígena barroco de principios del Siglo XVII. Las palabras textuales se me escapan pero el guía clamente dijo que en el estado de Puebla se erigieron más de mil iglesias del rito católico romano y que cada una estaba ubicada sobre un templo indígena. Yo era muy, muy joven entonces y me dio por cuestionarme la razón por la cual no se sumaban las iglesias católicas a los templos indígenas. Hubiera sido, me dije, lo lógico, pues así podría verse la evolución de las costumbres religiosas.

Pero no, la voracidad cultural no estaba por el compartir. Sobre un templo se construía el otro con la intención de eliminar unas creencias, recuerdos y vivencias culturales. Es decir, la cultura española de los conquistadores para sustituir la antigua cultura indígena autóctona. Así es como en Analco (del náhuatl que significa más allá del río), el regidor español echó abajo la ermita dedicada a las ánimas y se construyó en el lugar una capilla mayor dedicada al Santo Ángel Custodio.

Un hermosísimo ejemplo del arte barroco mexicano es la Iglesia de Santa María Tonantzintla, ubicada en San Adrés Cholula. Su fachada es una fantasía de colores, donde la cerámica talavera trabajada por indígenas llena hasta el más escondido recoveco. Es una iglesia católica en honor de la Virgen María, pero en la cultura mexica “Tonantzin”, también del náuhuatl, era una diosa identificada con la tierra y Tonantizintla nombra el “lugar de nuestra madrecita”. Todo un mundo sincrético.

Es así como la voracidad cultural de los colonizadores no se traga por completo al pueblo que conquista sino que se integran. Algo así es lo que ha sucedido con la efemérides que se conmemora esta semana. En el 1898, el 25 de julio, las tropas norteamericanas invadieron la isla de Puerto Rico por la Bahía de Guánica. Desde entonces la fecha y el evento que marca es controversial. Hasta el recuento histórico esta plagado de contradicciones: que si los lugareños recibieron a los soldados con vítores o que fueron balas lo que se escuchó. Las intenciones del país invasor no aparecían claras, como tampoco lo hacían las reacciones de los líderes puertorriqueños.

Bueno, pues la cuestión que me ocupa es que 54 años después de la invasión y luego de la Asamblea Constituyente en Puerto Rico y la aprobación de la Ley 600 en Estados Unidos, los creadores del Estado Libre Asociado escogieron el 25 de julio como símbolo de su fundación. No es un una edificación material sobre otra, sino la formulación inmanente de una idea para suplantar la otra.

Sin embargo, tal como ninguna de las iglesias católicas suplantó totalmente los templos indígenas de los mexicas; el 25 de julio del ELA no ha eliminado el concepto del 25 de julio del ’98, por lo que todavía, unos y otros puertorriqueños repudian o ensalzan una efemérides o la otra, demostrando una vez más que los pueblos pueden manipular la voracidad cultural.


Publicado en El Vocero el 22 de julio de 2012.

 

Las más recientes

Las más leídas

You are here: Periodismo Vocero de Puerto Rico Voracidad cultural