Norma Valle

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Abogados

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El licenciado Juan Santiago Nieves dejó un importante legado al paìs.

 

Los cuentos de camino sobre las andanzas de algunos abogados que de albaceas y representantes legales advenían en ricos patriarcas son numerosos y llenan miles de páginas de la literatura universal. Las novelas de Balzac, Galdós, Dickens y nuestro Zeno Gandía narran historias  ficcionalizadas de la vida real. En Garduña (1896), una de las novelas de la serie de Manuel Zeno Gandía (1855-1930) “crónicas de un mundo enfermo”, el inescrupuloso abogado del pueblo tima por igual a ricos y pobres, pero especialmente a los menos privilegiados, a los campesinos, que para esas fechas poblaban las tierras puertorriqueñas.

No había código de ética que rigiera por ley la conducta de los abogados ni derechos de sus representados para radicar querellas contra ellos. Digo ellos porque casi el cien por ciento eran varones, usualmente ilustrados, y con cierta arrogancia que les separaba del resto de la humanidad. Aunque conocían sus deberes, también la forma de escurrirse para lograr sus propósitos. De esos abogados todavía hay muchos.

Ah, pero también estan los abogados y abogadas cuyo propósito es la defensa de los más necesitados, de los pobres, las mujeres discriminadas por su género, los niños y niñas, las causas nobles de la humanidad. Esos y esas que defienden las causas que parecen perdidas desde un principio, las que representan ideales de justicia y caridad humana.  De esos también hay muchos todavía. Son aquellos que no se dejan llevar por el olor del dinero y la buena vida, sino por la rectitud moral hostosiana.
En mi vida privada y en la profesional como periodista he conocido muchos de esos abogados y abogadas, que con respeto y seriedad desempeñan los postulados de su profesión. He tenido el privilegio de verlos litigar en las cortes de este país y sentar cátedra de derecho, y principalmente de honestidad.

Uno de esos seres especiales es Juan Santiago Nieves, fallecido hace unos días a destiempo, pues solo tenía 54 años de edad en un periodo y en un país donde la mediana de edad es 85 años. Preocupado por el país a Juan le molestaban las injusticias, es más, se le hacía casi imposible tolerarlas, por eso se involucraba en los casos y las causas más difíciles. Alcanzar la plena ciudadanía puertorriqueña para el líder Juan Mari Brás; instaurar la igualdad de trato en la educación para los niños y niñas con discapacidades. Juan manejó el derecho, pero con conciencia. Era capaz de trabajar en grupo y de escuchar, dos virtudes nada deleznables. Miraba con asombro y recibía información nueva con el entendimiento de un niño ávido de comprender. Sus análisis y comentarios en los medios eran lúcidos, más sentarse con él a tomarse un café acompañado de un pedacito de queso, y conversar hasta el cansancio era una experiencia mágica.

En estos tiempos de un siglo que solo comienza, es reconfortante saber que los “Garduñas” de la vida pueden ignorarse por el bien de la humanidad y que tenemos abogados como Juan Santiago Nieves, que defienden y adelantan el desarrollo de nuestro país.

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