Norma Valle

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Cuarto propio

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Durante años le he preguntado a cada escritora que entrevisté si tenía un “cuarto propio”. A Rosario Ferré, Olga Nolla, Mayra Montero, Mayra Santos Febres, Isabel Allende, Elena Poniatowska, Angélica Gorodischer, Sara Sefchovich y Clara Sánchez, entre otras. Un día, una radioescucha me confrontó, diciéndome “por qué le pregunta usted a todo el mundo si tiene un cuarto propio?” A ella le daba un poco de vergüenza lo que creía mi entrometimiento. Hoy, en la conmemoración de la vida y la muerte de la escritora británica Virginia Woolf (1882-1941), sólo puedo sonreírme hacia dentro.

Ellas, las escritoras entrevistadas, puertorriqueñas y de otras partes del mundo, siempre me contestaron muy serias, por lo que me enteré de mil detalles fascinantes. Rosario Ferré me narró, que aunque sí tenía un cuarto propio, se levantaba de la cama y se sentaba en pijama a escribir en la computadora que tenía en su dormitorio. Isabel Allende, por su parte, contó que se vestía por completo hasta con medias y tacos, y bajaba a su estudio a escribir, de 9 a 4. Así lo decretó nuestra Virginia Woolf, la entrañable escritora, icono del feminismo de los setenta, en su fundacional ensayo “A Room of One’s Own” (1929) cuando afirmó que “una mujer necesita dinero y un cuarto propio si quiere escribir ficción”.

El concepto de Woolf, autora de ensayos, cuentos y novelas, es mucho más complejo que solo el dinero y el cuarto propio, se refiere a que las mujeres deben tener un espacio privado y tiempo disponible para ellas mismas. Histórica y tradicionalmente el tiempo y espacio de las mujeres nunca ha sido suyo, le ha pertenecido primero a la familia paterna y luego a la familia construida por su marido. La mujer, se decía (y algunos todavía lo repiten) es del marido, los hijos, los familiares cercanos, de la casa… Woolf insiste en que sin ese lugar privado a la mujer se le hace difícil desarrollar su propio yo, cultivar su esencia como ser humano independiente.

La doctora Lilliana Ramos Collado, escritora y crítica de la Universidad de Puerto Rico, explica que cuando se habla del concepto del cuarto propio puede entenderse también que la mujer debe tener derecho sobre su propio cuerpo, considerando el cuerpo como un espacio demasiadas veces ocupado por el otro, por el estado, por la sociedad.

Virginia Woolf revolucionó el pensamiento en torno a las mujeres en más de una manera, argumentando con lógica y erudición, pero también con la maravillosa ficción que plasma, por ejemplo, en la novela “Orlando”. Acompañamos a Lord Orlando en su vida como hombre durante varios siglos; y luego, como Lady Orlando, durante cien años más. Cómo cambia la perspectiva de género, lo que uno nunca vio, lo vieron los ojos de la otra, y así, el mundo se ve con dos miradas diferentes, respetuosas la una de la otra.

Por mi parte, tan pronto pude, me asigné mi “cuarto propio”, en el que escribo siempre…

 

Artículo publicado en El Vocero de Puerto Rico el 1 de abriul de 2012.

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