Norma Valle

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Victoria Muñoz y su pasmosa seguridad en el triunfo en 1984

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“Mis enemigos son el desempleo, la pobreza, la inseguridad, la falta de vivienda adecuada, los problemas de educación y salud... no los posibles contrincantes del PNP, porque yo me enfrento al que sea, ninguno me asusta, ni me intimida”.

La seguridad pasmosa y serena de Victoria Muñoz Mendoza la llevan a afirmar que le ganará a cualquiera “. Baltasar parece más fuerte que Ángel Viera, pero viene con Romero, y además lleva mucho tiempo por allá. “El pueblo”, dice Victoria Muñoz, “necesita paz y sosiego, y yo pienso terminar la campaña en noviembre”.

El noviembre al que se refiere esta mujer, conocida probablemente por casi todos los puertorriqueños, pero una virtual desconocida en el ambiente político, es el noviembre de 1984 cuando finalizará su campaña por la alcaldía de San Juan, porque habiéndola ganado, se dedicará a su obra pública.

¿De dónde proviene la seguridad de esta ama de casa del área metropolitana, madre de cinco hijos, esposa enamorada de un apuesto ingeniero griego, residente entre frondosos árboles de mangó, donde todavía se escucha la voz del coquí y del buen gallo despertador?

La seguridad le viene de adentro, de mirar profundo a su interlocutor y escudriñarle el alma y el pensamiento, de saber y querer escuchar a los otros, y del sólido apoyo que tiene de su familia y amigos, de su esposo, de sus hijos, de sus hermanos y sobrinos, de su madre, doña Inés, que es “asesora y colaboradora”, de numerosos voluntarios que planifican y organizan con rapidez múltiples actividades de diálogo con la gente.

Pero tiene además el apoyo de su cepa familiar, cuyo vínculo activo a la política patria es ya centenario. Y ante la pregunta de por qué corre para Alcaldesa de San Juan si no tiene experiencia política, su voz se enronquece y con firmeza contesta con otra interrogante.

“Quiero saber, quien tiene mejor experiencia política que yo, no quiero recostarme de un nombre, pero la realidad es la realidad y yo viví 40 años de mi vida al lado de un maestro de la política.

“Mi padre nunca trabajó como obrero y se identificó con los trabajadores y los desempleados, nunca cortó caña y se identificó con el jíbaro. La identificación de los seres humanos no tiene que sentirse en carne propia, sino, ¿cómo padecer la tragedia de las catástrofes mundiales?”

Victoria Muñoz es lógica en su contestación, añade que la mayoría de las personas en San Juan o en Puerto Rico no son abogados, ni médicos, y sin embargo, Romero es abogado y Padilla es médico. Lo importante para Victoria es que la mejor gente participe de la política, para que los políticos vuelvan a tener credibilidad ante el pueblo.

Entonces, ¿se considera Victoria Muñoz entre “la mejor gente”? No le gusta hablar de sí misma, pero accede a describir sus cualidades: “Tengo buena voluntad, no soy soberbia y busco información, cualidad que deber tener toda persona que aspire a servir a un pueblo.”

Tiene además Victoria Muñoz la “naiveté” del joven idealista que aspira a provocar cambios rápidos, en este caso subir el nivel de la discusión política del país, y no le preocupa que traten de enlodarla o calumniarla, porque su campaña será una limpia y diferente.

Los puertorriqueños que la recuerdan, guardan imágenes , unos de la niña regordeta que jugaba en La Fortaleza mientras su padre, Luis Muñoz Marín, el primer gobernador electo de los puertorriqueños, resolvía problemas de estado; otros, de la joven miembro del Grupo de los 22, que previo a la campaña eleccionaria del 1964 pretendió rejuvenecer al Partido Popular Democrático.

“Mi participación con el Grupo de los 22 fue motivada por el interés de que los 3,000 delegados a la asamblea del Partido conocieran a sus candidatos, que no votaran automáticamente, sino que evaluaran las ejecutoria de los aspirantes a cargos públicos”. Explica que sólo eso la movió y no alianza ideológica alguna con los miembros del grupo, entre quienes estaban Severo Colberg, Rafael Hernández Colón, José Arsenio Torres y Juan Manuel García Passalacqua.

Luego participó activamente en la campaña del PPD en San Lorenzo como representante de la juventud del Partido. Recuerda que “me tocó hacer campaña con Jorge Font Saldaña y él se reía cuando me trepaba a la tribuna durante los mítines y empezaba explicando por qué era popular”.

Ni las tribunas públicas, no los mítines eran nuevos para Victoria: se agitaba en el vientre de su madre para la campaña del 1940 y nació el 24 de diciembre de ese mismo año. La nombraron Victoria en honor al triunfo de su padre en la urnas. La menor de seis hermanos (contando los de él, los de ella y los de ambos), Victoria creció con el apodo de Melo.

“Mi hermana Viviana le decía “Melo” a un vecinito que se llamaba Manuel, y cuando nací entendió que “Melo” era un nombre genérico para los bebés y así me llamó siempre”, explica, y acepta que su apodo se presta para que la embromen, pero tampoco le preocupa pues no es nada nuevo.

Su primer recuerdo relacionado a la política lo traza a una reunión de líderes celebrada en Aibonito en el 1944. Era la disputa entre su padre y Rafael Arjona Siaca. Victoria recuerda juego y vuelo de chiringas, pero también a los Benítez, Lulú y Jaime, al doctor Antonio Fernós y a Andrés Grillasca.

También recuerda a sus hermanos mayores Carmen y Rafael Palacios, hijos de doña Inés; a Muna y Luis, hijos de su padre y la poetisa norteamericana Muna Lee, pero fue Viviana, su hermana de padre y madre, la compañera de juegos infantiles y de vivencias políticas.

El libro de su educación informal incluye los muchos cuentos que le hacía su mamá. Y los que le narraba Caya, la señora que las cuidaba. Más uno se fijó en su imaginación, se lo contó su padre. Él le habló sobre las experiencias de un jovencito barranquiteño llamado Luis Muñoz Rivera, que a los 18 años nunca había visto el mar. “Esa anécdota me impresionó tanto que luego, mientras cursaba estudios universitarios me sirvió de base para un cuento que escribí”, dice Victoria en su nostalgia.

Inició su educación formal en la escuela modelo de la Universidad de Puerto Rico, donde también estudió sus años de escuela superior, pero antes transitó por el Colegio Puertorriqueño de Niñas, la escuela de la base naval de Isla Grande y la Academia del Sagrado Corazón en Santurce.

Interrumpió sus estudios de bachillerato en humanidades en la Universidad de Puerto Rico para casarse con José Antonio Ruaño, padre de sus dos primeros hijos, Juan Carlos y María Victoria. Tras una corta estadía en Nueva York y de su divorcio, regresó a Puerto Rico y a sus estudios. Su diploma la identifica como “Magna Cum Laude”.

Trabajó en la ciudad de Nueva York con un programa dirigido a la comunidad de East Harlem (el Barrio Puertorriqueño). La experiencia fue dolorosa. “Me impresionó el prejuicio que hay contra los puertorriqueños allá, el abuso, el destrozo del español, que se convierte en un trabalenguas”. Sin embargo, de la experiencia desoladora obtuvo un mensaje positivo: “Vi que las comunidades debían ejercer su fuerza política agrupándose fuera de líneas partidistas para reclamar sus derechos”.

De Nueva York cargó Victoria con sus dos hijos y un ingreso mensual de $100 para Grecia. Se había enamorado del país cuando a los 14 años lo había visitado con sus padres. “Me instalé en Chersonisos, un pueblito cerca de Iraklion, en la Isla de Creta. Yo leía como loco y daba clases de inglés”. En Iraklion conoció a quien es hoy su esposo, Minas Papadakis.

Nuevamente regresa a Puerto Rico donde contrae matrimonio. Se instalaron en Venezuela, donde trabajaba Papadakis. Vinieron sus hijos Eleni y Alexis, mientras Victoria seguía entregada a cultivar la forma más pura de la economía, la doméstica. “Mi matrimonio es bueno, magnífico, nos expresamos libremente, y los griegos son muy buenos padres”. Acá en Puerto Rico nació Manolo, que ahora tiene cinco años y es un simpático corre caminos que trepa los árboles y las verjas del amplio patio de la casa.

Victoria parece ser tan liberal con sus hijos –el mayor ya tiene 21 años- como su padre lo fue con ella, tanto que hasta apadrinó su viaje a Grecia, cuando doña Inés se preocupaba por las facilidades que pudieran tener los niños. Sin embargo, al padre jefe de estado no le gustaba que ni Victoria ni doña Inés ni ninguno de sus hijos opinaran en público sobre diferentes aspectos de la política del país. ¿Se sintió Victoria limitada en sus deseos de participar de alguna forma en la política activa?

“Digamos que yo creía que la labor de mi padre era una prioridad y no quería obstaculizarla”, contesta Victoria pensativa, como guardando muy adentro alguna duda que pudiera surgirle al respecto.

Su madre también acalló su voz pública –inclusive sus poemas- y la guardó para la vida privada del hogar. En palabras de su hija “rompió el arco iris contra su corazón” y “se dejó del nacionalismo” en el que militaba cuando joven. Ahora retrospectivamente, Victoria Muñoz piensa que fue su padre quien más la influenció, sin embargo, ahora considera a su madre, además de consejera y colaboradora, una de sus poetas favoritas.

Victoria nunca terminó su tesis de maestría en sicología, aunque si los créditos de la carrera; no practicó su profesión asalariadamente, pero ahora le servirá para entender y hablarle a los chavos de hoy que ella ubica en la zonas urbanas. San Juan, con sus 435,000 residentes habituales, además de los transitorios que estudian o trabajan en la zona metropolitana, tiene una pobreza escuálida, asegura Victoria Muñoz. “La gente vive tras la reja, en hacinamiento, los lazos familiares muchas veces se han cortado. Cuando se es pobre en la ciudad, se es realmente pobre, si uno está desempleado se las ve negras”.

¿No mitifica Victoria a los pobres de los campos de Puerto Rico, no idealiza al jíbaro? “¡No! Contesta Victoria, “no es que idealice, sino que en las zonas rurales todavía existe la familia extendida, la pobreza está rodeada de verdor y de familia, hay unos sistemas de apoyo.

“En el pueblo todavía se tiene identidad, se es persona, pero aquí en San Juan las comunidades se aíslan por el prejuicio de clase, porque no hay caminos de convivencia”.

Valdría ahora repetir lo que Victoria Muñoz explicaba cuando se trepaba a las tribunas en el San Lorenzo de 1964. “Soy Popular porque creo que este partido le ha dado a la gente un mensaje de justicia”. Ese mensaje es el que Victoria aspira a llevar a los sanjuaneros de hoy: “Justicia a los desamparados, justicia que se traduzca en dispensarios, que funcionen por lo menos hasta las doce de la noche, justicia en alcantarillados, en hospitales, en revivir las áreas muertas.”

“A San Juan le falta infraestructura, carreteras, centros de cuidado diurno para niños y para ancianos, recreación adecuada, cultura, deportes. Hay que rodear la ciudad de anillos verdes, utilizar al máximo los espacios disponibles, que tenga múltiples centros”.

La candidata a Alcaldesa de San Juan le habla a los desamparados, a los del arrabal urbano, y a la gente de las clases acomodadas, ¿qué les ofrece Victoria Muñoz? Lentamente Victoria enuncia su contestación: “En la medida en que se haga justicia a los pobres, los de la clase alta tendrán mayor seguridad”.

Para solucionar algunos o muchos de los problemas de San Juan, Muñoz propone bregar con imaginación, con creatividad. “Hay que aumentar la cantidad de recursos económicos que el municipio pueda disponer de acuerdo a sus prioridades. Hay que extender y ampliar la autonomía fiscal de San Juan sin aumentar la carga contributiva de su agobiada clase media. Se puede hacer”, (Carta de Victoria Muñoz al Pueblo, “Mi Ciudad”, marzo 1983).

¿Tiene ya Victoria Muñoz su maquinaria política para ganar? Inmediatamente resiente la palabra “maquinaria” y habla del apoyo que tiene de muchos voluntarios, presidentes de los precintos, mujeres y jóvenes. Diariamente se reúne con numerosos grupos de residentes de los barrios. “No basta que uno crea saber lo que la gente piensa y quiere de sus líderes, hay que escucharlos, conocer sus prioridades”.

“Quiero hacer una campaña diferente, porque el mensaje es diferente. Una campaña de información para que la gente conozca y sepa reclamar sus derechos. Quiero decirle a la gente lo que se puede y lo que no se puede hacer”.

Opina que las mujeres son importante para su campaña, como lo han sido siempre en el PPD. “El Partido ganaba con las grandes mayorías de las mujeres porque ellas entendieron que era su partido”.

El punto se torna álgido cuando se cuestiona a Muñoz Mendoza sobre su relación con el presidente de su colectividad, Rafael Hernández Colón. ¿Tiene su apoyo? “A veces estamos de acuerdo, a veces no. O nos convencemos o seguimos cada quien con su respectiva opinión. Tengo como norma enviarle copia de lo que publico o voy a decir cuando difiero de él”.

Victoria tampoco es ciega ante los posibles errores de su partido. Sobre el controvertible proyecto de sindicalización de los empleados públicos comenta: “No creo que el PPD ha hecho bien en hacer una promesa de campaña para no cumplirla. Si se equivocó debe dar una buena explicación y el PPD no la ha dado”. Confiesa que no ha estudiado el proyecto de sindicalización, “estoy criticando el manejo”.

Ya en la casa de Victoria Muñoz Mendoza es incesante el llamado agudo del teléfono, sus compromisos se multiplican. Ella, más atractiva de lo que las fotos revelan, va infiltrando los hogares. A través de los periódicos, de las charlas hogareñas, de los locales del partido.

Victoria Muñoz considera que algunas de sus cartas de triunfo son su sinceridad y honestidad y la ausencia de una férrea maquinaria política porque cree que los políticos no deben dejarse secuestrar de sus agentes de campaña. Sin embargo, estas mismas características son consideradas por algunos avezados observadores de la política isleña como errores del novato que rinden luego, además de una derrota en las urnas, la desilusión de los ingenuos.

Victoria Muñoz entiende que su campaña es distinta y menciona el éxito que recientemente obtuvo en la ciudad de Chicago un candidato negro, que combatió la maquinaria de la ex alcaldesa Byrne y del racista candidato republicano. Pero aquí en Puerto Rico nuestra historia inmediata refleja que no bastan los mensajes de justicia e igualdad, que se necesita también el respaldo del liderato y de la maquinaria de un partido bien organizado. Ahí están los ejemplos del popular Roberto Sánchez Vilella contra Luis Negrón López y la maquinaria del PPD. Y el de la populista Sila Nazario de Ferrer, que con mensajes a los desamparados de San Juan perdió abrumadoramente en las primarias del PNP frente a la maquinaria que en esos momentos (1976) encarnaba Hernán Padilla.

Y Victoria Muñoz no tiene ahora mismo la organización partidista en San Juan que los penepeistas han cultivado año tras año. ¿Está tarde Victoria Muñoz? ¿Tarde en el cuatrienio para levantar su propia base, tarde en la historia para emular la campaña de votos prestados que lanzó su padre en el ‘40 a los “chavos” de entonces?

¿O podrá Victoria Muñoz convencer a los líderes populares que la miran con cierto recelo a que la apoyen incondicionalmente? ¿Podrá responder realmente a las necesidades del pueblo, para que esos 30 mil votantes que le dieron la mayoría electoral en San Juan al PNP trasciendan la línea de partido para darle su voto?

Si Melo ganara, si triunfara en San Juan una voz de mujer segura de sí misma, tendrían entonces los observadores de la política que trazar nuevos análisis sobre el electorado puertorriqueño.

 

EL MUNDO

San Juan, Puerto Rico

Domingo, 8 de mayo de 1983

Portada

 

(Epílogo: Esta fue la primera entrevista sobre Victoria Muñoz en un medio importante como era el diario El Mundo en esos momentos. El colega Juan Mari Brás, quien para esos días fundaba una agencia de noticias caribeñas, me dijo al otro día que ella era “mi biografiada”. Mientras que Muñoz me llamó varias semanas después de la aparición del artículo para contarme que cuando estaba comprando un lápiz labial en una farmacia, la vendedora le dijo: “Yo leí su entrevista, creo que ahora la conozco por lo que le recomiendo este”, era uno rojo brillante. Muñoz lo compró y me riéndose comentó “si una dependienta entiende que me conoce a través de esa entrevista entonces es que es buena”. Y aunque perdió las elecciones del 1984 se acercó al triunfador y se convirtió en una de las figuras más importantes del Partido Popular Democrático.—NVF, 2013)

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