Norma Valle

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Ruth Fernández: Una historia repleta de colorido, valor y logros

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El traje era todo, todo drapeado, por aquí, por el frente, era blanco, precioso, me lo hizo Rafaela Santos, y tenía una capa de terciopelo negro, larga, con cola, y aquí, con los hombros, más galones que MacArthur. El peinado también era bello, mija, en peinilla caliente y todo me que quedó bello con bucles en toda la cabeza, ¡ah!, y llevaba diamantes. En aquel tiempo no los podía comprar, así es que los cogí prestados, también me prestaron el Packard, que era el Cadillac de aquellos tiempos, y así llegué a la puerta del Hotel Condado.

“Había un negro de portero, vestido con librea y bombín y abrió la puerta del carro, quedó atónito cuando me vio, pero yo bajé y con un “buenas noches” seguí adelante, chas, chas (sonido de la falda al caminar) , altiva, orgullosa, pero sin altanería, entré al lobby como si fuera la dueña del Hotel, pero como yo no conocía aquello me dije y ahora que c… yo hago, pero seguí, chas, chas y pregunté “la Orquesta Hoopee Kids, por favor”, con una seguridad increíble, que me salía de adentro, porque esa seguridad me la da Dios. Me dijeron “por allí señorita”, había ganado una, me dijeron señorita y no negrita… En la puerta de aquel salón enorme me detuve y esperé hasta que se terminara el set y la gente se hubiera sentado… Entonces crucé el salón, con mi capa y mi cola, chas, chas. Mingo temblaba como una hoja, yo por el mismo medio del salón, aquel salón tan enorme que daba espanto… La gente preguntaba “¿y esa quién es?” unos me conocían, otros no… Mingo estaba gris, porque los negros cuando se ponen jinchos, se ponen gris, y yo chas, chas, llegué a la tarima y con la mirada en alto le dije “Mingo, la capa por favor”, me senté y le dije “ahora me tocas un set completito para mí, Piénsalo Bien, el Zum Zum, las mías…

Empecé a cantar y la gente salió toda a bailar, pero no bailaron, se quedaron escuchándome, todo el mundo se quedó como elated, canté el primero, el segundo y la gente aplaudiendo, más, más, y yo, por dentro decía “Mingo, ¿te convences?, ¿te convences, Mingo?”.

Ruth Fernández, puertorriqueña negra, rompió de esta manera una de las barreras que la sociedad adinerada le imponía. Fue la primera negra que entró por la puerta del frente del Hotel Condado Vanderbilt (los músicos de la orquesta habían entrado por la cocina) y no es que entrar a este Hotel, que todavía en la década del 1940 practicaba el prejuicio racial abiertamente, fuera gran cosa, sino que la anécdota demuestra la forma firme y arrolladora con que Ruth Fernández, el Alma de Puerto Rico Hecha Canción, ha vivido toda su vida. Ruth lo identifica como drive, pero lo aclara con esa, su gran sabiduría popular con un “mijita, te digo que es algo especial que uno tiene por dentro desde chiquito”.

“Nací en Ponce el 23 de mayo de 1919, soy vieja, pero divina, he vivido mucho e intensamente, muy joven empecé a sufrir y a luchar”, explica Ruth, la menor de cinco hermanas de un matrimonio divorciado. “Yo era la más prieta, la más fea, la más narizona y por lo tanto la más agallúa”.

Su mamá tenía el pelo “entre azul y buenas noches” y sus hermanas eran “rubias al escape” o sea “jabás”, pero Ruth salió a su abuela Adela, la Úrsula Buendía de la familia, el tronco que crió a las cinco hermanas, y quien tenía un “don”. Era médium-unidad espiritista y ante ella desfilaba la aristocrática sociedad ponceña y de casi todo Puerto Rico, pero también era la negra, y a ella salió Ruth, con virtudes y defectos.

Su madre murió joven, cuando Ruth solo tenía seis años y de ahí en adelante fue “mamita Adela”, quien con el dinero que le daba la gente por las curaciones que hacía las crió. “Mi abuela decía que la única forma que los negros podíamos rebasar esa condición era estudiando, siendo preparados…”

Ruth se queda pensativa un rato. Habla no de la felicidad, sino del contentamiento, filosofa, tiene ambiciones, sueños. “Mira”, me dice, “esta casita la llevo haciendo seis años, primero tuve la finquita luego con los limones, panas y guineos que vendía a Pueblo en mi Cadillac blanco tiré la zapata y ahora, ya ves, tengo la casita…” Se echa a reír a carcajadas y llama a Clara, “lávame el arroz que voy a echarlo”, le dice. Hoy comeremos allí un sabroso arroz con jueyes cocinado por Ruth con las recetas de la mamita Adela.

La música para Ruth es un regalo de Dios, “tiene una influencia terrible en mi vida”, dice la mujer que tuvo que romper barreras para revelar su talento. “Tenía todos los handicaps que podría tener persona alguna para no triunfar: mujer, negra, fea y decente. Si hubiera sido mujer y negra, pero bonita y digamos liviana, por no decir p---, la cosa no hubiera sido tan difícil, pero yo quería y puede mantenerme decente en un campo donde se prefiera la liviandad”.

A los 14 años comenzó a cantar como profesional en la Estación de Radio WPRP de Ponce, sin pasar por el periodo de aficionada, que usualmente atraviesan los cantantes. Ganando 50 centavos diarios, Ruth siguió asistiendo a la escuela, ayudando a sus hermanas que estaban en la universidad y aprendiendo cómo se coge fiao: “Todas las semanas estrenaba un traje que me hacía una modista a quien le abonada cada vez que cobraba. Yo nunca guardaba nada porque todo me lo echaba encima, porque tú sabes que cuando ves un traje lindo tú haces ¡aaah!... Entonces se te olvida que tengo la cara fea, y después que empezaba a cantar me ganaba la pelea, porque modestia aparte, cantaba bien.

“La gente me decía ‘Ruth, ¿por qué tu gastas tanto en ropa?’ Y yo decía esa es mi pelea, ‘¿por qué tiene un Cadillac?’, esa es mi pelea, yo tengo que estar bien puesta, porque desgraciadamente los valores aquí son pequeños y uno tiene que estar a toda madre”.

“Ruth era bueníiiiiiiisima cantante”, opina Beto Analfa, columnista de música popular del periódico El Mundo. Fue la primera mujer en Puerto Rico en cantar con orquesta, cuando esto era casi un pecado. Viajaba por toda la Isla en una guagua con 14 músicos, y Mingo, el director de la Whoopee Kids, padrino de trabajo de la joven Ruth. “Eran como mis hermanos”. Fue la primera cantante—hombre o mujer—en salir de Puerto Rico contratada en el extranjero.

Cantó para la estación de radio de la CBS en un programa que se transmitió de costa a costa a costa de los EEUU. Fue la primera cantante de música popular latinoamericana –hombre o mujer— en ofrecer un concierto en el Metropolitan Opera House de Nueva York.

Ruth, quien lleva 40 años cantando y todavía lo hace en el mismo tono, según aclara vivamente, también dio un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York y ha representado la Isla, en prácticamente todos los países de América Latina y en muchos de Europa. A Cuba iba todos los años a hacer una temporada en el Tropicana, el Teatro América y la estación de Radio CMQ. En Cuba también grabó la opereta “Cecilia Valdés”, interpretando a la esclava Dolores Santa Cruz con unos hermosos sones afro.

Actualmente Ruth solo graba dos o tres especiales de televisión al año para mantenerse en forma, dedicando el resto del tiempo a la política, mejor dicho a sus labores senatoriales…

Y tocamos el punto, surgen las contradicciones y los clichés. “No creo que el arte y la política tienen nada que ver, la política es material, fea”.

--Y tú que eres tan espiritual, ¿cómo te metiste en la política? “No me considero política, sino servidora pública. Yo represento a mi país cantando, hago patria cantando”.

--¿Y no crees que eso es política? “Bueno sí, digamos que el arte tiene que ver con la política verdadera, no con la política partidista”.

--¿Has tenido conciencia de tu puertorriqueñidad? “Siempre. Una vez canté: “Ay, mi patria llora, mi patria gime, porque añora la libertad, y Mingo la cambió por: ‘y así pide la estadidad’… pero yo soy rabiosamente anti estadista”.

--Si tuvieras que votar entonces en un plebiscito entre la independencia y la estadidad, ¿qué harías? “No puedo decir hasta que no venga la ocasión. Claro, circunstancias ajenas que se confronta la nación pueden hacerte… Creo en la libertad, independencia generalizada, en la libertad individual y colectiva. Y el Estado Libre Asociado es lo que más se acerca al ideal que yo aspiro. Creo en la igualdad de oportunidades, hay socialistas de librito, pero…

--Y en el socialismo ¿crees? “No, he visto los países socialistas, pero lo que he leído en la prensa no me gusta, tengo que estudiar más sobre eso. Cero en la democracia mejorada, no en la del sur de los EEUU, donde todavía los del Ku Klux Klan matan gente. ¿Qué es lo que tienen los países nórdicos?

--La social-democracia. “Eso sí me gusta, eso es un tiro, allí no hay racismo, no hay pobreza”.

--A Cuba, ¿irías? “Si me contratan para cantar, claro que iría”.

--¿Cuáles son tus logros como senadora? “Nunca he ofrecido nada, no gasté un centavo en la campaña, pero tengo inquietudes por la mujer, los niños, los ancianos, los presos, la mujer presa, la mujer adicta. He ayudado a los artistas del patio”.

--¿Discrimina el PPD contra la mujer? “El Partido como tal no, pero los individuos, los legisladores, por ejemplo, ya eso es otra cosa, contra mí no creo que discriminen”.

--¿Y contra las mujeres comunes y corrientes? “Ah, bueno, esas que no se metan en esto”.

--¿Y los hombres comunes y corrientes? “Bueno, mira, es una realidad que para ser político, senador, representante, se necesita dinero, se ha convertido en una elite, se necesita tiempo y dinero para participar en las primarias, luego en las elecciones y luego en el puesto que sea”.

--¿Estás de acuerdo con eso, no te preocupa tanto la gente humilde? “Estoy opuesto a todo eso”.

--Entonces, ¿qué propones como solución? “Tal vez que se limiten los gastos de la campaña política, vamos a tener que hacerlo”.

--Sobre el proyecto que añadiría la causal de “consentimiento mutuo” a la Ley de Divorcio, ¿qué opinas? “No lo he estudiado lo suficiente para contestarte, pero creo en el divorcio a pesar de que soy religiosa, porque para que dos personas se estén ladrando es mejor que se divorcien, así no afectan a los niños”.

--¿Votarías por el proyecto aunque es del Partido Nuevo Progresista? “Tengo que ejercer mi iniciativa propia como legisladora, los PNP tienen algunas buenas ideas, no muchas, pero algunas.

--Y sobre el aborto, ¿qué crees? Sabes que ahora sólo las mujeres pudientes pueden hacerse uno con facilidad en Puerto Rico, pero las pobres no… “Creo que la mujer debe agotar todos los recursos antes de hacerse un aborto, no debe ser por capricho. Si la mujer disfrutó de las relaciones sexuales y por liviandad se entregó a un hombre, que pague las consecuencias teniendo ese niño”.

La Ruth que habla es la senadora del Partido Popular Democrático. La mujer que se ha casado y divorciado dos veces, la que conoce mujeres que se han hecho abortos, aún cuando disfrutaron de las relaciones sexuales, reacciona de forma más humana para el off the record de la periodista.

--¿Se considera usted feminista? “En mis tiempos no se hablaba de eso”, dice Ruth Fernández, pero en varios aspectos ha vivido como feminista de acción, o sea, como diría la feminista de principios se siglo Mercedes Solá, en la práctica ha hecho feminismo, aunque sin profundizar en la teoría ni trabajar colectivamente por las reivindicaciones de la mujer.

A los 16 años se casó con el famoso pelotero ponceño Juan Guilbe y una de las razones principales por las cuales se divorció fue porque se cansó de que Juan estuviera andando con otras mujeres. “El me decía que si yo dejaba de cantar con la orquesta y de llegar a casa en la madrugada él me sería fiel, pero para mí el cantar es demasiado importante, escogí la carrera al matrimonio”.

Luego vino su matrimonio con Tito Henríquez, el compositor de Bello amanecer; 14 años duró. “No es fácil para un hombre vivir con una mujer que tiene tanta energía como yo, tanta ansia de trabajar y de progresar. Siempre se resienten, porque ellos no son lo más importante”.

Hacemos un alto en la larga entrevista para escuchar una grabación de varias canciones que Ruth cantara a finales de la década del ‘30. Se estremece ella, y nosotras, se le humedecen los ojos y sus recuerdos se van lejos con las notas de Ilusión, Una carta, Me enseñaste a querer, Cuando vuelvas. “¡Qué boleros aquellos!”, dice con la voz entrecortada, “recuerdo los bailes, la gente, para esa época me invitaron a Nueva York y allá fui con buenos contratos, ir a la gran ciudad en ese tiempo era un gran acontecimiento y toda la orquesta fue a despedirme al muelle de San Juan, yo tenía un traje lindo, lindo, gris y ladrillo con una capita, había un gentío enorme en los muelles, toda la gente de San Juan se unió a la despedida. Era aquella una época de romance. ¡Qué triste alegría me has dado trayéndome estas canciones!”

 

El Mundo

San Juan, Puerto Rico

Jueves, 19 de octubre de 1978

Portada

 

(Epílogo: Hice esta entrevista originalmente para el segundo número de la revista Palabra de mujer, que nunca llegó a publicarse, por lo que la vendí al periódico El Mundo. Entrevisté a Ruth Fernández (1919-2012) en varios escenarios, su casa de Ocean Park, su casa de campo en El Verde, cerca de El Yunque, donde cultivaba frutos menores, así como en su oficina de senadora en el Capitolio de Puerto Rico. La entrevista fluyó con una Ruth Fernández simpática, cálida y espontánea. Posiblemente tengo tanta información que no pude incluir como la que incluí. El artículo era mucho más extenso pero tuve que editarlo para que ocupara una sola página tamaño sábana del periódico. La entrevista fue grabada en casete y me acompañó la fotógrafa Mercedes Mulet. Esta entrevista ha sido utilizada como fuente de información de Fernández, así como de ejemplo en cursos de periodismo.--Nota de N. Valle, a 22 de enero de 2013.)

 

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