Norma Valle

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Llamamiento a Iris Chacón

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Querida Iris:

Cuando empezaste a surgir como el antídoto criollo a la imagen de belleza “puertorriqueña” que la propaganda proyectaba en Marisol Malaret y Beba Franco, sentí cierta alegría.  “La Chacón está bien”, me dije, “Proyectan a Marisol y a Beba como las reinas de belleza puertorriqueña, cuando no podría haber mayor contradicción.  Marisol y Beba son altas, muy altas, mientras que el promedio de la mujer puertorriqueña es relativamente bajita…  Marisol y Beba son delgadas, muy delgadas, mientras que las puertorriqueñas somos más bien ‘llenitas’… Beba y Marisol son blancas, muy blancas y la mujer promedio puertorriqueña es ‘trigueñita’…”  Nada, que tú sí representabas el prototipo de belleza puertorriqueña, que ciertamente acentuabas, para el deleite visual y… etc. de los hombres puertorriqueños, con unas bien desarrolladas piernas y un ‘pompis’ ¡ciertamente provocador!


Parecía auténtico tu surgimiento como figura estelar.  Me dije:  “Aquí viene nuevamente la resistencia del pueblo puertorriqueño; mientras nos quieren imponer unos estereotipos falsos y ajenos a nuestra realidad de pueblo, nosotros hacemos surgir la ‘verdadera imagen’, la imagen de mujer que revoluciona al pueblo provocando motines, la imagen de la vedette que cuando cante la Guaracha del Macho Camacho formará un despelote fenomenal, según diría La Madre, personaje de Wico Sánchez.  Ilusa yo, también caí en la trampa de la publicidad, como creo que has caído tú, Iris.  Marisol y Beba son el producto, digamos de la exportación; tú, Iris, eres el producto del consumo interno en el país, la conexión latinoamericana.  Marisol y Beba representan la imagen sofisticada de la mujer de nuestra burguesía; a tí, Iris, te tienen para que representes a la mujer del pueblo.  Pero, en realidad, para que atraigas a lo que ellos llaman el populacho con los factores que muchos de esos mismos profesionales de la publicidad detestan.  Con cierta vulgaridad en el vestir, con chistes de doble sentido, con rutinas de baile que son más que sensuales, atrevimientos sexuales, pretenden que atraigas al ‘macho’ en el hombre puertorriqueño.  Y con esa imagen seudo-popular te venden a ti, Iris, y venden sus productos comerciales que anuncian en tu programa de televisión y en tus presentaciones personales en fiestas patronales de los pueblos de la Isla.

Iris, cuando llegaste a las diez (a la plaza de recreo de Cidra) y saliste con pantalón largo, bien ceñido, claro, pero no tan revelador como tus bikinicitos de la televisión, el público comenzó a irse.  Poco a poco, la gente desfilaba y cuando tú ibas por la segunda canción la expectativa ya había pasado y pronto las clavas en la muchedumbre se hicieron más notables.

Luego de la rabia me invadió la duda.  Un momento, me dije, algunos escritores independentistas opinan que cuando tú cantes la Guaracha del Macho Camacho se formará un despelote fenomenal.  A lo mejor ellos tienen razón… Mas pronto recordé que uno de nuestros ideólogos, René Marqués, promovía el machismo (especialmente en su premiado ensayo “El puertorriqueño dócil”) como uno de los baluartes de la puertorriqueñidad.  Y la izquierda puertorriqueña se caracterizó en un tiempo por oponerse a la integración de la mujer a la vida social por considerarlo “importación norteamericana”.  Errores, más errores.  No, ciertamente el que se ensalce tu imagen como objeto sexual no beneficia al pueblo puertorriqueño, ni es parte de nuestra puertorriqueñidad.  Iris, ya comenzaba a ver con claridad.  Todos hemos sido engañados por la publicidad y la ideología que domina en nuestro país.

“A medida que en una sociedad patriarcal los controles directos sobre la mujer se van debilitando, los tabúes sexuales van, por el contrario, reforzándose y elaborándose, y asimismo se va acentuando el miedo a la mujer”.  Iris, esta opinión versada de la pensadora y escritora feminista Eva Figes, se hace realidad en tu caso, en nuestro caso en Puerto Rico.  Al irse integrando la mujer puertorriqueña al trabajo asalariado en todos los aspectos de la social, al ir destacándose como ser pensante  e inteligente, como capacitada para desempeñarse en cualquier ocupación, el hombre con su ideología dominante se siente temeroso.  Ve en la mujer, no una compañera de tareas en todos los niveles de la vida, sino una competencia desleal, una usurpadora de su hegemonía, la Eva tentadora que le arrebatará despiadadamente su trabajo, su tranquilidad hogareña, su poder sexual y político sobre la mitad de la población.

Iris, por eso se recurre a proyectar tu imagen como objeto sexual, minimizándote como ser humano inteligente, reduciéndote a un cuerpo material.  Se nos quiere reducir a nuestras funciones fisiológicas exclusivamente:  ser bellas para ser objetos de placer, ya sea este vicario o real. Treinta siglos no han sido suficientes.  Al levantar la cabeza para tener nuestra propia palabra de mujer pretenden callarnos nuevamente.  Vuelven a decirnos “ustedes ven, es mejor que no piensen y trabajen; sean en vez como Iris:  piernas hermosas, muslos gordos y un pompis fenomenal”.

Y como tú eres inteligente sé que también te darás cuenta de cómo la maquinaria te está utilizando.  Sé, Iris, que al igual que Claudia Cardinale se volvió feminista y rechazó públicamente la imagen de objeto sexual que se le proyectaba para no terminar como Marilyn Monroe con un pote de pastillas  somníferas en un cuarto de hotel, tú sabrás liberar tu cuerpo y tu mente de la manipulación.

Iris, recordemos ahora los hermosos versos de Ernesto Cardenal en su Oración por Marilyn Monroe:

El templo –de mármol y oro- es el templo de su cuerpo/en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano/ expulsando a los mercaderes de la 20th Century Fox/ que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Iris, sea la 20th Century Fox o la WAPA-Televisión, sean los productores o sean algunos bien intencionados amigos, no dejes que manipulen el templo de tu cuerpo en perjuicio tuyo y de la mujer.

Iris, este es un llamamiento a la mujer, al ser humano que hay en ti.

Cariñosamente,

Norma Valle

 

Artículo publicado en Palabra de mujer, revista publicada en el 1976 por la Federación de Mujeres Puertorriqueñas. Disponible en archivos y bibliotecas de Puerto Rico. La publicación de este artículo, en la cúspide de la fama de la vedette Iris Chacón, causó gran revuelo en el país. Varios comentaristas de radio leyeron el artículo para las ondas radiales y el público emitió sus opiniones.

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