Norma Valle

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Femigenocidio

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¿Cómo nombrar el asesinato de cientos de mujeres jóvenes y niñas en Ciudad Juárez, México? ¿Por qué nombrarlo? ¿Por qué no decir, simplemente, asesinatos en una ciudad mexicana de Chihuahua, que hace frontera con el Paso, Texas? Pues, porque no. Porque estos asesinatos tienen nombre y apellido, se trata de crímenes cuya razón principal es que las víctimas son mujeres. Es decir, hombres asesinan mujeres por razón de su género femenino.
La escritora mexicana Elena Poniatowska describío así lo acontecido en Juárez en el 1999:  “los crímenes, la tortura, el desprecio a mujeres tratadas como basura, 187 mujeres y niñas apuñaladas cuyos cadáveres fueron encontrados en el desierto, en los arenales, en los baldíos de las colonias más pobres como la Nueva Hermila, el Lote Bravo, el Puente Libre que une a Juárez con El Paso. Semidesnudas, sus calzones atorados en los tobillos, su boca en un grito, sus ojos desorbitados; el lenguaje corporal de las muchachas refleja el atroz sufrimiento al que las sometieron” (http://alfasar.galeon.com).

Los primeros cuerpos desmembrados de jóvenes recién llegadas a la ciudad de Juárez, a trabajar en las maquiladoras, se encontraron en el desierto para el 1993. Desde entonces han seguido apareciendo cuerpos despedazados con tanta saña, que es difícil describirlos. Veinte largos años de incertidumbre. Solo los grupos de mujeres feministas han ofrecido las contestaciones que las autoridades no ofrecen: se trata de feminicidio, como definió cada crimen la investigadora mexicana Marcela Lagarde. Se trata de asesinar mujeres porque son mujeres, seres desechables, propiedad de la sociedad patriarcal. Ahora, 2012, cuando siguen apareciendo en masa los cuerpos despedazados, se formula un nuevo término femigenocidio.
Las autoridades: la policía del estado de Chihuahua, la policía nacional de México, los agentes de la DEA de los Estados Unidos, del FBI, de los enviados por el presidente Obama. Todos quieren contribuir pero las contestaciones y teorías que ofrecen no tienen validez, se desmoronan a las pocas semanas. Arrestan uno, dos sospechosos, los juzgan, los condenan o los liberan, no importa, ya que los asesinatos continúan.
Las madres y familiares de las víctimas se organizan, las organizaciones no gubernamentales las apoyan, viajan, divulgan su situación desesperada. Se hacen películas importantes (Señorita Extraviada, Bordertown). El pueblo de Ciudad Juárez se enconcha, se encierra, no quiere pensar en los cuerpos despedazados que siguen apareciendo.

 


Nombrar la violencia de género
La profesora Rita Laura Segato, invitada a Puerto Rico por el Programa de Estudios de la Mujer y el Género de la Universidad de Puerto Rico, ofreció recientemente un extraordinario y profundo análisis de los asesinatos de mujeres en Juárez que desvela uno de los genocidios más crueles de este período histórico en el mundo. Segato, profesora de la Universidad de Brasilia, es experta en violencia, y especialmente violencia contra las mujeres. Ella no la llama “sexual”, pues entiende y lo explica con lucidez, que no hay deseo sexual en el acto de maltratar y vejar a una mujer a través de su sexo. Lo que si hay es deseo de dominación y el poder que tiene el hombre en la sociedad para someter a la mujer.
Segato, quién habló a una audiencia atenta, explicó cómo advino en conocimiento de los acontecimientos de Juárez: “El juez Baltasar Garzón nos invitó a una conferencia internacional en Madrid en el 2004. Compartí mis teorías sobre la violencia de dominación contra las mujeres y las representantes de organizaciones de mujeres de Juárez me invitaron a que les visitara y explorara la situación”.
A continuación explicamos las teorías de Segato. Lo primero que hace la experta es investigar, recopilar material, entender. Parte de varias inferencias que se desprenden de la historia de la humanidad y de la realidad de Juárez. Primero, el género es la primera forma de violencia y la familia es organizada ideológicamente por el género. (A esto le puedo añadir que según varias historiadoras, en la antigüedad la esclavitud se ensayó con las mujeres.) Estas inferencias pueden conducir a pensar que la violencia contra las mujeres es “sexual”; sin embargo, no lo es, puesto que su génesis y propósito es la dominación de un cuerpo por otro, es el ejercicio del poder de uno sobre la otra. (Esta misma lógica es la que utilizan los medios de comunicación. Y yo le añado e interpreto: es una lógica masculina, que nombra violencia “sexual”, crímenes “pasionales”, o de “celos”, a los crímenes que son de dominación y de poder.)
Segato explica que más del 50% de las violaciones ocurren en grupo, en gangas, como parte del “boys club”, y añade que “la violación no es un acto de desvío, loco, en solitario, sino que realmente responde a la sociedad”.  Se decía que la violación tenía un eje vertical: violador --- víctima. “Nuestro descubrimiento”, dice Segato, “es que son dos los ejes. Al vertical se añade un eje horizontal en el cual el violador conversa con sus pares, la hermandad masculina, el club de los hombres. De ahí que la violación de mujeres sea parte de las guerras. En el eje horizontal, los hombres se validan, obtienen el título de hombre, se afirma que tiene un paquete de potencias, y  de que es capaz de ejercer y exigir un tributo de la mujer”.
En el segundo eje, el vertical, el hombre ejerce su poder sobre la mujer y son varias las formas de ejercerlo sin tan siquiera la penetración, sin pensar en que exista “deseo”.  En Ciudad Juárez, las violaciones y asesinatos de mujeres van de la violación de gangas comunes a la violación orquestada por gangas mafiosas. Los de Juárez, dice Segato, son crímenes de control jurisdiccional. “Son crímenes de pacto, crímenes grupales, multitudinarios, así se sella el pacto de la cofradía. Los hombres eligen este tipo de crimen para formar parte de una organización mafiosa,” explica la investigadora docente.
Los asesinatos de Juárez no pueden investigarse con los mismos protocolos policíacos, explica Segato, tienen características diferentes. Hay una escena bélica en la cual la cofradía de hombres se prueban su masculinidad unos a otros ejerciendo poder jurisdiccional sobre los cuerpos de las mujeres. Su poder se solidifica y se estabiliza a través de la lengua, del lenguaje cotidiano y de los medios de comunicación.
Es por las razones antes expuestas, que la doctora Rita Laura Segato formula el término femigenocidio, para tipificar un asesinato en masa de mujeres por razón de su género. En la Alemania nazi fascista se perpetró el genocidio por razón de religión, en Ruanda por razón de etnia, en Juárez, por razón de género. Hay que nombrarlo. Nombrarlo con su nombre y apellido, femigenocidio.   Femigenocidio es el crimen de las  guerras mafiosas, cada vez más comunes en nuestros países latinoamericanos. No hay relación personal entre víctima y victimario, el femigenocidio es una nueva forma de terror, realizada a través del cuerpo de las mujeres.

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