Norma Valle

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Lolita Lebrón

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Antes de conocerla personalmente, la conocimos por su imagen poderosa. La imagen de una mujer inusual, atrevida, transgresora, pero principalmente valiente. En la foto que se popularizó del acto heroico, el ataque a tiros al Congreso de los Estados Unidos (1954), se congeló su imagen de mujer joven, hermosa y retadora.
Durante años no conocimos ninguna otra de sus imágenes hasta que Claridad comenzó a publicar las fotos de los “presos políticos puertorriqueños”, más de una década después de su encierro. Entonces vimos que seguía siendo una mujer hermosa, pero esta vez, de carne y hueso, que hablaba con sus abogados y visitantes en la cárcel en la que estaba confinada, y quién más tarde visitó la Isla con permiso especial para el entierro de su única hija, fallecida prematuramente.


La conocí personalmente en la República Dominicana. Ella asistía a un seminario y yo a otro. Cuando me la presentaron y le di la mano, me eché a llorar y fue ella quien me consoló. Entonces, pude ver la imagen de la mujer dulce que siempre fue. Dulce y firme, tierna y decidida. La ví varias otras veces desde que salió de la cárcel en el 1979, siempre en actividades de proselitismo en las cuáles su imagen era carismática y de liderato.
Lolita Lebrón ha sido la heroína emblemática de las mujeres independentistas de Puerto Rico durante décadas. Esto es así sin menoscabo de sus compañeras del nacionalismo, el independentismo y el socialismo, desde Mariana Bracetti hasta las lideresas universitarias de nuestros días. El desempeño de su tarea revolucionaria y la imagen pública de Lolita no fue mediatizada ni por el sexismo histórico ni por los medios de comunicación. No pudieron hacerlo. Su acto heroico y la foto que la convirtió en un ícono la marcaron como líder de un comando armado, como mujer a quien nadie calla, como decidida en la lucha por su  patria.
El movimiento feminista de la década de los setenta, de la segunda ola de los feminismo, específicamente la Federación de Mujeres Puertorriqueñas (FMP), hizo suya la lucha por la excarcelación de Lolita Lebrón y los demás presos políticos puertorriqueños. En Puerto Rico publicamos y divulgamos su acto, su injusto encarcelamiento y la lucha por su liberación. En el intenso activismo internacional que desplegó la FMP durante varios años, la excarcelación de Lolita fue una de las banderas de lucha. En todas las giras internacionales que realizamos las militantes de la FMP dimos a conocer a Lolita Lebrón a nuestras amigas feministas de todos los países del mundo, especialmente latinoamericanas, como símbolo de que la lucha centenaria por la independencia de Puerto Rico es también de las mujeres.
En Cuba, México, Panamá, República Dominicana, Portugal, República Democrática Alemana, Unión Soviética, Estados Unidos, entre otros países, uno de los  temas obligados de nuestros mensajes era la “liberación de Lolita y los demás.” Obtuvimos de forma incondicional la solidaridad de las compañeras de la Federación de Mujeres Cubanas, de las de México y la Unión Soviética, de las dominicanas y las panameñas, de las uruguayas y de las vietnamitas.  Logramos que se hiciera mención de su condición de presa política y la lucha por su excarcelación en el documento final de la Tribuna de la Primera Conferencia Mundial de la Mujer de la Organización de Naciones Unidas, en Ciudad de México, 1975, en el Congreso Mundial de Mujeres, en Berlín, RDA, 1975, así como en otros importantes eventos.

Vida personal
La historia de una mujer no está completa si no hablamos de su vida personal, aun cuando en el caso de Lolita Lebrón, la conocimos a través de un acto público. Lolita fue una mujer muy privada, de intensa vida espiritual. Sus poemas hablan de su intimidad y de su amor por Dios y por su Patria.  Cuando fue al Congreso de los Estados Unidos de América como dirigenta de un comando armado explicó claramente que no había ido a matar sino a morir por su patria. Develó en la entrevistas que le hicieron su pensamiento político nacionalista y albizuista, además, siempre se manifestó con un profundo sentido religioso y amor a su compañero de vida, doctor Sergio Irizarry, a su familia y a sus compañeros y compañeras de luchas.
Las mujeres puertorriqueñas tenemos en Lolita Lebrón un paradigma, con incógnitas todavía, pero presente siempre.

 

 

Publicado en el semanario Claridad, San Juan, Puerto Rico, con motivo de su fallecimiento.

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