Norma Valle

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Sanjuanero de nación

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Viejo San Juan – Un día, mientras mi hija y yo esperábamos el “trolley” sentadas en la acera de una de esas hermosas calles del Viejo San Juan, pasó don Ricardo. Nos sonrió desde arriba y se detuvo a conversar. Cuando continuó su camino, en una de sus ronda diarias por el casco, la señora que estaba a nuestro lado nos inquirió: “Ese es Ricardo Alegría, ¿verdad? Dicen que él es quien ha logrado que se mejore San Juan.” Si, le contestamos, así es, es uno de los personajes del Viejo San Juan, y también el artífice principal de la restauración de la antigua ciudad.


Conocí a Ricardo Alegría primero como una buena fuente de noticias, cuando él era el todopoderoso director ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y yo una reportera novel en el periódico El Mundo. El ICP tenía gran importancia como agencia de gobierno para los setenta. Era un semillero de artistas plásticos, músicos, escritores y escritoras, poetas, guionistas y cineastas, historiadoras y arqueólogos. Era el centro de la cultura del país, dónde todo se fundaba, se fomentaba la preservación y el desarrollo de la cultura autóctona.
Luego, me convertí en su estudiante graduada. Siempre he pensado que los hombres y mujeres de la prensa deben conocer en profundidad la historia del país donde trabajan, especialmente si es el suyo. Alegría guió la búsqueda de conocimientos de muchos periodistas. Con la dificultad de que en Puerto Rico para esas fechas no eran muchos los textos de historia que se publicaban y los que llegaban a la imprenta eran limitados en su perspectiva del país. Alegría amplió las miras de quienes investigaban la historia, así surgió el ya conocido Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, de dónde han salido una infinidad de excelentes obras sobre la literatura y la historia del país.
Entonces, me convertí en su vecina. Por décadas lo acompaño a él a su querida Mela, a sus hijos y nietos en su adorado Viejo San Juan. Don Ricardo salía de su casa en la Calle del Sol y caminaba hasta la sede anterior del ICP, el Convento de los Dominicos en la Calle Norzagaray. Una vez dejó la dirección del Instituto, su oficina  pasó a Casa Blanca, donde se desempeñó como director de la Oficina de Preservación Histórica. Cuando fundó el Centro de Estudios, su oficina –siempre llena de libros y papeles sobre mesas antiguas de esa madera que da gusto tocar – se trasladó al Seminario Conciliar, ubicado en la Calle del Cristo. Más allá, en Ballajá, la sede del Museo de las Américas, también responde a su gestión, tal como lo hace el museo mismo, con sus colecciones permanentes de historia y de artesanía latinoamericana.
En todos estos lugares, en las piedras, la mampostería y los adoquines están los pasos de Ricardo Alegría, con cuyo esfuerzo contó este pueblo para que se aprobara la ley que protege la ciudad antigua y que data del 1956. Es mucho lo que ahora se pierde. Muchos desarrolladores se olvidan que San Juan es único y que los visitantes, turistas y aun aquellas personas que quieren tener “segundas casas” para pasar los días de las Fiestas de la Calle San Sebastián, vienen porque el espacio es único e inédito. Alegría supo restaurar edificios de enorme tamaño respetando su historia y economizando hasta el mínimo centavo. Ha sido ejemplo y consejero para otras ciudades históricas, entre éstas, La Habana. La ley de conservación también ha sido modelo para repetir.
Hoy, cuando peligra la estabilidad de la ciudad, cuando el mismo ICP, creado por él aprueba construcciones dañinas al entorno y paisaje de la ciudad, es cuando más pienso en Alegría. Una vez me dijo que lo que estaban haciendo en los muelles turísticos era una “muralla china”. Las administraciones cedieron a los desarrolladores y levantaron hoteles, condominios, estacionamientos, todos edificios altos que impiden ver el panorama urbano del Viejo San Juan desde la bahía, desde el mar. Esa es la muralla de la que hablaba Alegría, que actualmente impide ver la maravillosa imagen del entorno de San Juan, con sus altos y bajos relieves.
Pero el San Juan nuestro y de Ricardo Alegría ha resistido casi 500 años, por eso creo que sobrevivirá.


•    Publicado en Claridad, homenaje a los 90 de Alegría.

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