Norma Valle

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Los cuentos fantásticos de Silvina Ocampo

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Conocimos a Silvina Ocampo (1903-1993) como hermana de la erudita Victoria Ocampo, amiga del genial Jorge Luis Borges y esposa del otro de los cuatro imprescindibles argentinos, Adolfo Bioy Casares. Sin embargo, leer sus cuentos nos traslada a otro mundo, uno verdaderamente fantástico, complejo y lúdico. Y así sucesivamente (Tusquets, 1997) es uno de sus libros de cuentos más importantes y recién lo he leído (tal vez releído) para mi regocijo de lectora.

Durante años recordé el cuento “Los objetos” de Silvina Ocampo que trata de una mujer que cae presa del asombro cuando en la hierba de un parque encuentra la misma hermosa pulsera de rubíes que había perdido 15 años antes. ¿Cómo y por qué aparece la joya en un parque cualquiera tantos años después, justo cuando la protagonista estaba sentada en un banco? Lo que sucede a partir de ese momento (que no lo voy a contar) nos llena de inquietud y luego de recelo y aprensión. La situación de Camila Ersky es tan común que puede parecer una anécdota de nuestra propia vida; pero esa vida cotidiana se altera por un sencillo hecho que puede abocarnos al horror.

El concepto de la intromisión de lo fantástico en la cotidianidad es posiblemente la forma más efectiva según Ray Bradbury, escritor de suspenso estadounidense, para convertir un cuento o novela en una pieza de la literatura fantástica. Esa literatura que cultivaron con fruición los argentinos del grupo borgiano.

Silvina Ocampo fue la sexta hija de una acaudalada familia de Buenos Aires, quien desde muy joven colaboró en la Revista Sur, emblemática publicación literaria fundada por su hermana mayor Victoria, junto a Borges y Bioy Casares. La famosa escritora argentina cultivó la poesía, el cuento y la novela, destacándose como representativa del surrealismo y de la literatura fantástica.

Participó como editora junto a Borges y Bioy Casares en la fundacional Antología de la literatura fantástica publicada en el 1965 por la Editorial Sudamericana y que contribuyó con su fondo literario al “boom” de la literatura latinoamericana. En esta antología se incluyen narraciones de autores y autoras de múltiples países y épocas desde José Zorrilla y Tsao Hsue-Kin a Chesterton y Poe, a Papini y Lugones, Borges, Bioy y Ocampo.

Posteriormente, en Cuentos Argentinos, libro que forma parte de la hermosa colección La Biblioteca de Babel, lecturas fantásticas dirigida por Jorge Luis Borges (Ediciones Siruela, 1986) se incluye el cuento de Silvina Ocampo “Los objetos”, ese que me acompaña en la memoria desde que lo leyera por primera vez hace muchos años. Todos estos libros forman parte de mi biblioteca y recurro a ellos con frecuencia en noches lluviosas de insomnio. “El miedo es una costumbre de la noche”, dice la protagonista en el cuento de Ocampo “La lección de dibujo”.

En Y así sucesivamente se incluyen 23 relatos que nos llevan de la sorpresa en “Inauguración del monumento” al terror en “Memorias secretas de una muñeca”. Mis cuentos favoritos de esta colección, aunque todos me gustan, son “El automóvil” y “El Rival”. El primero se inicia con esta lapidaria oración “Braman los automóviles: se están volviendo humanos, por no decir bestiales” y narra la historia de un matrimonio difícil, cuyas desavenencias emanan del amor insaciable que siente la esposa por el automóvil. El esposo enamorado hace todo para complacerla hasta viajar con su auto en barco hasta París, más la competencia del auto es tan dura para el marido que pareciera como si no puede rebasarla…

El cuento “El Rival” arranca con una descripción extraordinaria “Tenía los ojos, más bien dicho las pupilas, cuadradas, la boca triangular, una sola ceja para los dos ojos, una desviación en un ojo azul, en el verde otra desviación volvía la mirada acuciante…” El protagonista establece un triángulo amoroso con su novia y el rival de la descripción, pero su relación se torna cada vez más inquietante…

La imaginación de Silvina Ocampo se desborda, nos guía por senderos misteriosos que siempre terminan con final sorpresivo pero ¿increíble?

Además de estos cuentos fantásticos que comento, privilegio otro más que fomenta la imaginación de niñas y niños. Se trata de “El caballo alado”, que leí numerosas veces a mi hija a la hora de dormir. Conocemos a esta niña que visita un museo donde observa un caballo con alas esculpido en piedra, que despierta de noche para llevarla en viajes lejanos. El librito ahora esta un poco maltrecho de tanto uso, pero su narración e ilustraciones siguen siendo una maravilla que espero entretenga a otros niñitos.

Podría seguir hablando ad infinitum de los cuentos fantásticos de Silvina Ocampo, más prefiero que la lean. Termino con la cita de uno de sus cuentos, “Algo inolvidable”, que podría darnos una pista sobre cómo y por qué escribe, aunque quién sabe si solo es fantasía lo que dice…

“--¿Para quién escribe entonces, para los fantasmas?

“--Para los que leerán. La censura ha prohibido escribir obras de ficción. Yo me revelé al principio. Ahora estoy de acuerdo. Nada he detestado más que la censura, porque la censura es criminal cuando los que censuran no tienen inteligencia ni discernimiento.

“Al demostrar que la realidad puede ser fantástica, desperté el odio de los que se habían dedicado a las obras de ficción”.

 

--En Rojo, Claridad, (25 de abril al 1ro. de mayo de 2013, p.14). .

c)copyright Norma Valle

 

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