Norma Valle

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Oficio para toda la vida

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Lo pusieron detrás de un micrófono y le dijeron: “hable”. José Antonio Torres Martinó con sus 20 años cumplidos empezó a hablar y no dejó de hacerlo nunca más. Así se inició en la radio y en los medios de comunicación que ocuparían un espacio importante en su vida, tan amplia y tan diversa.

“Yo no había cumplido 21 años y estaba desempleado. Acudí a la emisora (WPRP de Ponce) a probarme como locutor –anunciador se le llamaba entonces—sin haber visto antes un micrófono en mi vida. Me pararon frente a uno y sin darme nada que leer me dijeron: hable”, así explicó Torres Martinó sus inicios en la radio en el 1936.

Efectivamente, lo contrataron en la WPRP, donde estuvo por poco tiempo, de allí pasó a la WNEL. Más adelante, se unió a WKAQ, empresa con la que trabajó varios años y donde se formó como profesional de los medios. Su voz extraordinaria y su interés en la cultura y en las artes le pavimentaron el camino. En WKAQ, una de las cuatro estaciones que funcionaban para la década de los treinta en Puerto Rico, Torres Martinó estuvo en contacto con músicos –intérpretes y compositores, actores, guionistas y dramaturgos, y también políticos, ya que todos acudían al popular medio para crear y presentar programas de divulgación general.

Como locutor, Torres Martinó era considerado “talento” y su salario oscilaba desde los $60 a los $80 mensuales. Eran otros tiempos. Sí, tiempos de aprender como esponja y compartir con toda una generación de creadores en todos los campos de la vida. En una entrevista que se le realizó para un proyecto de investigación de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, que tuve el privilegio de dirigir, Torres Martinó explicó en profundidad su acercamiento a la radio:

“Yo no fui a la radio vocativamente, sino por imperativos económicos. Se dio la coincidencia tal vez feliz de que mis diversos intereses artísticos me orientaran hacia una mejor capacitación para el rendimiento requerido. Mi pasión por la lectura me favoreció sobremanera en el oficio de locutor, para el cual no tuve adiestramiento alguno, como no lo tuvo ninguno de mis colegas. Era natural que me subyugara el medio radial; me ofrecía la oportunidad de otorgarle sentido social a mis aficiones” (“José A. Torres Martinó”, entrevistado por Héctor Sepúlveda Rodríguez, en Norma Valle Ferrer, editora, Apreciación crítica de la radio en Puerto Rico, Río Piedras, 1995).

Ese sentido social que mencionara con humildad Torres Martinó fue una de las luces que guió su transitar por los medios de comunicación, en la radio, en el cine, en la televisión y como excelente columnista de periódicos. Su formación en la radio lo marcó para siempre y así lo enfatizó: “Esa experiencia me proveyó un oficio para toda la vida, el cual, a pesar de mis otros intereses artísticos, he practicado casi ininterrumpidamente”.

Es importante señalar además que la voz poderosa de Torres Martinó marcó una época en la memoria oral de los puertorriqueños y puertorriqueñas, como lo hicieron más adelante las voces de Sonia Vivas y David Ortiz Angleró, entre otros. Su voz impartía credibilidad y seguridad a quienes le escuchaban. En una sociedad esencialmente no letrada, como era la boricua en las décadas de los ’30 y ’40, una voz radial que transmitía credibilidad y sabiduría era siempre bienvenida. En la entrevista que citamos en esta nota, Torres Martinó culmina sus opiniones diciendo lo siguiente: “…no puede negarse que a pesar de las restricciones, (en la radio) se filtró la difusión de valores puertorriqueños de carácter histórico, literario y musical que han colaborado significativamente en la consolidación de una conciencia nacional”. Entiendo que José Antonio Torres Martinó aportó personalmente a la difusión de esos valores nacionales que sabiamente identifica.

Todas las mañanas cuando me siento a la mesa con mi taza de café negro y puya, siempre miro uno de mis cuadros preferidos, se trata del grabado “San Juan y el mar” (1976) de Torres Martinó. Es una evocación de Bajamar a la entrada del viejo San Juan en tenues azules y otros tonos mezclados con el tiempo. Entonces entran a mi imaginario vistas relámpago de su estampa de hombre serio y dedicado, de su bigote, y principalmente de su voz.

 

--En Rojo/Claridad, San Juan, Puerto Rico, 7 al 13 de julio de 2011, p. 15.

 

© Copyright Norma Valle Ferrer, 2011.

 

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