Norma Valle

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La memoria de los olores

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Es cierto que el olfato tiene memoria. El olor del mar cuando se camina por la Calle del Sol del viejo San Juan me hace reconocer mi ciudad. La reconozco por la peste penetranante y aguda de los orines de gatos que salen de las ruinas abandonadas a su suerte. El polvo centenario de las casas, otrora señoriales, emite su olor particular, como también lo hace el de las chuletas fritas en mucha manteca a eso de las cinco de la tarde en las callejuelas sanjuaneras donde todavía viven “residentes” de los de antes. Porque los yuppies regresan tarde a sus apartamentos de solteros y solteras y entonces son otros los olores.

Los perfumes de los hombres y mujeres que pasan frente a los balcones de mi casa pueden identificarse perfectamente aun cuando se interpongan ocasionalmente las oleadas de materia descompuesta que deja como lastre el camión de la basura.

Cada ciudad, cada calle, cada casa, cada rincón tiene su propio aroma. Si, huele a rosas, a pacholí, a lavanda, a las azucenas que todavía vocea el vendedor ambulante semana tras semana. Huele a a bebé recién bañado y llenito de polvo talco, huele a viejo. Huele a los polvos Maja de mi abuela, a la cocina exquisita de mi mamá, a mi primer novio. Huele a los jazmines del patio del viejo Edificio de Ciencias Naturales de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, huele a limber de frambuesa de la tiendita de la esquina de la casa de mi abuela en Cabo Rojo, huele a colita champán, huele a bocadillos de calamares fritos en las calles de Madrid, huele a chocolate caliente de La Bombonera. Huele, huele, huele a todos y cada uno de los momentos de mi vida. De tu vida, de la vida de cada quien.

Crónica de olor

Esa experiencia maravillosa del olfato es la que le pido a mis estudiantes que describan en la crónica de olor que les asigno en el curso de redacción avanzada. Porque la publicación de crónicas visuales y de sabor son usuales en los periódicos pero no la de olor. Para prepararlos, les digo que lean la novela El PerfumÃe del escritor alemán Patrick Süskind (1949- ) que cambió mi vida cuando la leí hace muchos años.

El Perfume me obligó a comprender la historia de los olores. Nos conmina a interpretar las experiencias vividas a base de los olores que sentimos. Por ejemplo, piense que le está contando a una amiga la visita que hizo la noche anterior a una familia en Cayey. “Llegué a la casita ubicada en la Carretera núm. 14, el olor penetrante que sale de la fábrica de tabaco impregnaba todo el ambiente de vainilla mezclada con los químicos que la hacen permanente en los cigarros. Me recibió la abuela de mi amiga, quien al besarme me dejó oliendo a Nenuco, la colonia que recién le había puesto a su nieta. Más adelante en la pequeña sala pude percibir el olor a las habichuelas recién guisadas con un sofrito llenito de culantro. Salió mi amiga de su cuarto para inundar el ambiente del perfume de J.Lo., que se reñía con olor de su marido a la antigua Aquavelva.” Y así por el e\stilo, qué nos dicen esas imágines en olores. Inténtelo, qué le dicen los olores de esa gente, de esa casa, cuál es la interpretación. La costrumbre es describir visualmente, de esta manera nos ubicamos en el lugar de otras personas, para quienes el sentido del olfato es el principal.

Pues cuando lei El Perfume vi como en una pantalla imágenes de incidenes anteriores: un familiar pidiéndome que oliera la nevera para que le dijera qué estaba dañado allí, el neurólogo que me informó sorprendido, después de hacerme un examen, que mi olfato era “demasiado desarrollado” y la expresión de mis acompañantes cuando le pido que “por favor no utilicen perfumes” cuando viajan en mi auto.

El primer párrafo de El Perfume nos habla de las horribles pestes del París del siglo 18 cuando aun no se habían aislado las bacterias por lo que la descomposición de todåo tipo de materia era acelerada, cuando no existían los desodorantes, ni los cepillos de dientes, ni los detergentes. Las personas no se bañaban a menudo porque no había agua corriente, no existían los alcantarillados públicos, la gente y los animales hacían sus necesidades biológicas en la calle, en el Palacio de Versalles no había baños. Y así la lista continúa. Entonces esas maravillosas imágenes de las cortes europeas se deshicieron como castillos de naipes. La Europa romántica e ilustrada apestaba.

Olor a muerte

Uno de los artículos que escribí durante los sucesos del Du Pont Plaza, el fuego que arrasó con la vida de decenas de personas en el Condado a finales de los ochenta, se titula “Olor a muerte”. En el texto describo muy suscintamente el olor que se percibía (por lo menos yo lo sentía) en las inmediaciones del hotel cuando todavía no se habían removido los cadáveres calcinados. CuanÉdo los periodistas tratábamos de acercarnos a la piscina, dónde los cuerpos estaban petrificados en la misma posición en la cual fueron sorprendidos por el fuego, un joven oficial de policía, con una mascarilla cubriéndole el rostro, nos preguntó que para qué queríamos acercarnos. Con su expresión quería decir que era un lugar dantesco donde casi no se podía respirar por los olores demasiado fuertes.

También sentí el mismo olor a muerte cuando cubrí la tragedia de Mameyes (un deslizamiento de lodo acabó con una comunidad completa en Ponce en la década de los ochenta). Era tarde cuando el camión con más de 90 cadáveres llegó al Instituto de Medicina Forense y los empleados comenzaron a bajarlos en bolsas y entrarlos al Instituto. El grupo de periodistas observábamos en silencio pero mi olfato funcionaba aceleradamente, reconociendo el mismo olor a muerte.

Jean Baptiste Grenouiˆlle, el protagonista de la novela de Süskind, podía sentir claramente el aroma natural de cada ser humano al mismo tiempo que conocía los olores de plantas, flores y de todo lo existente en el universo. Sin embargo, él no tenía aroma propio. Esa característica lo hacía extraño a quienes le rodeaban porque sabían que había algo raro en él, pero no lograban identificar la razón. La obra de Süskind es extraordinaria, es una lectura apasionante de esas que no pueden dejarse mucho tiempo sobre la mesa de noche.

Publicada en el 1985, Das Perfume, se convirtió pronto en un best seller internacional. Tiene la fórmula correcta: está bien escrita, crea personajes memorables, narra la historia de horror de un asesino que casi está más allá del bien y del mal. El autor también publicó La Paloma, El Contrabajo y La historia del señor Summer, aunque ninguna de estas novelas cortas alcanzó la merecida fama de El Perfume. Actualmente, Süskind es uno de los guionistas de una popular serie de televisión en su natal Alemania.

El Perfume, por supuesto, no es sólo una historia de olores. En esta extraordinaria novela se penetra la siquis de los personajes en su periplo por una sociedad de clases que margina y desecha a las personas que no tienen ni rango, ni dinero ni poder.

Perfume, the Story of a Murderer

Las historia de Grenouille es complicada. Además, reconstruír el París de 1738 no es algo fácil, por eso Stanley Kubrick (A Clockwork Orange) nunca terminó su proyecto de filmar la conocida novela de Süskind. Ahora llega a la pantalla la extraña y triste historia del joven sin aroma que busca el perfume perfecto. Es un personaje al que en principio compadecemos, más gradualmente lo llegamos a odiar con vehemencia.

Es posible que esas emociones de amor y odio, compasión y desprecio también se den en torno al filme Perfume, the Story of a Murderer de Tom Tykwer. Estrenó en Europa en el 2006 y recién ahora llega a las salas de arte de San Juan. Vi la película en el cine Angelika de Nueva York y creo que me fascinó. Digo creo porque no estoy muy segura. Primero, porque llevar esta compleja novela al cine es demasiado difícil. Segundo, porque no sé si la puesta en escena se asemeja a lo que yo me he imaginado durante más de dos décadas de conocer y estudiar la novela. Soy conciente de que cuando salimos de la sala de cine, los comentarios eran disímiles, hubo a quien le gustó, otras personas dijeron que si hubieran estado en su hogar hubieran apagado el televisor a los cinco minutos del comienmzo.

La película, una producción europea de extraordinaria calidad, sobresale por sus escenarios naturales, su música compuesta por el mismo director Tykwer y por las interprentaciones dramáticas de Dustin Hoffman y otros actores europeos poco conocidos para las audiencias de este lado del mundo. Espero que Perfume, the Story of a Murderer acerque otros públicos a la obra de Süskind y despierte en algunas personas el deseo de leer el libro. Más adelante podrían, tal vez, regodearse en el estudio del olfato para destacar este único y maravilloso sentido.

 

Publicado en En Rojo, Claridad, Puerto Rico, 2009.

 

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