Norma Valle

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20 Mar 2017

El Día Internacional de las Mujeres se conmemora en el mundo desde hace más de un siglo, sin embargo, este año de 2017 el activismo resurgió con una fuerza inconmensurable. Miles de mujeres se volcaron a las calles de cientos de ciudades del mundo, en todos los continentes. El grito desgarrado por la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres se dejó sentir.

Puerto Rico no fue la excepción. Las mujeres puertorriqueñas, y hombres solidarios, se unieron al paro internacional convocado por organizaciones feministas y de derechos humanos. Se detuvo el tránsito en la vía más transitada del país a la hora pico de las seis de la mañana, se detuvo el reloj en cientos de centros de estudio y trabajo a las 11:00 a.m., se realizó una concentración y piquete masivo de 3 a 6 de la tarde en el centro financiero de San Juan. Simultáneamente, en escuelas y universidades, sindicatos y organizaciones, se realizaron charlas informativas sobre la fecha emblemática feminista que reclama las reivindicaciones sociales de las mujeres del mundo.

Nos preguntamos, ¿por qué ahora? ¿Por qué el #8M2017? Entiendo que son múltiples y profundas las razones, por lo que debemos analizarlas y comprenderlas por el bien de nuestra sociedad.

12 Jan 2015

Estoy prejuiciada a favor del En Rojo. Me gustan sus artículos irreverentes, polémicos, políticos o sencillamente informativos. Me encantan sus ilustraciones realizadas por algunos de nuestros mejores artistas y en algunas ocasiones “fusiladas” de otras publicaciones solidarias. No es que me guste todo, todo. Pero con el tiempo he aprendido a aquilatar más los esfuerzos extraordinarios que hacen los periodistas (en este caso “las” periodistas) de las publicaciones pobres, esas que no tienen capital y dependen mucho de la buena fe de sus colaboradores.

El En Rojo, por ser la revista cultural de Claridad, el periódico de la nación puertorriqueña, ha contado con la pluma y el pincel, el teclado y la tecnología de tantos y tan buenos escritores y escritoras, fotógrafos y artistas, que trabajaron sin pedir compensación alguna, que ya muchas publicaciones del mundo corporativo periodístico quisieran para sus páginas, las de papel y las digitales.

Comencé a colaborar con En Rojo, con un “nom de plume”, uno de los varios que utilicé mientras trabajaba para medios corporativos. Es decir que a mi también me interpelaba el En Rojo. Posteriormente, y hasta nuestro días, continué mi colaboración ocasional con En Rojo, cuya audiencia siempre me ha privilegiado, lo que siempre se agradece.

12 Jan 2015

En todas las cárceles en las que ha estado confinado el disidente político puertorriqueño Oscar López Rivera, durante 33 años de su vida, ha habido ruido 24 horas al día, siete días a la semana.

“En algunas el ruido ha sido ensordecedor, especialmente donde han habido abanicos eléctricos tan estridentes que me tomé tiempo en poder acostumbrarme al ruido. Lo interesante fue que después de haberme acostumbrado, cuando iba al salón de visitas donde había acondicionadores de aire, me tardaba un buen rato en sentirme tranquilo. Era una penitenciaría con un programa de privación sensorial”, me dijo Oscar López

Rivera en una entrevista sobre el silencio.

O tal vez podríamos decir que la entrevista gira en torno a los silencios, un tema que me apasiona, sobre el que pienso y escribo a menudo. Una persona se acostumbra o sobrevive a los ruidos o a los silencios. La gente de ciudad puede pensar que el campo es silencioso, pero no hay nada más ensordecedor que el sonido de los pájaros al atardecer, los insectos nocturnos, el rumor de las ramas de los árboles estremeciéndose en la brisa, o tal vez, los truenos, los aguaceros tropicales o la llovizna constante. Pero para otros es el ruido de la ciudad, una miríada de sonidos artificiales que inunda el ambiente, lo que afectan el oído y el alma.

Un ruido demasiado alto y estridente puede utilizarse, según expertos, entre ellos el profesor Peter Suedfeld, con el objetivo de causar privación sensorial en los confinados, como un castigo y si es de forma prolongada como una tortura. Oscar López Rivera me contó que: “En la penitenciaría super máxima en Colorado el ruido lo causaba la fricción del metal en las puertas que abrían electrónicamente. Cuando primero llegué eran los carceleros los que hacían el ruido despertándome cada media hora. Con su macana le pegaban al cristal de la celda hasta que me movía. La fricción de metal con metal crea un ruido que causa dolor al oído. Por lo menos ese era mi problema principal”.

El prisionero político boricua ha confrontado cruentos castigos como largos períodos en solitaria, privación sensorial, censura a su correspondencia y limitación de entrevistas y visitas. Aun cuando prisioneros de crímenes mayores, como el asesinato, tienen acceso a visitas continuas.

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