Norma Valle

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Luchas y resistencia de las Siervas de María

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Prólogo

Conocer las luchas cotidianas de la Congregación de las Siervas de María en Puerto Rico por sobrevivir en el servicio a las personas enfermas y pobres del país es adentrarse en un mundo de vocación y resistencia. El amor a Dios y al prójimo de las mujeres que formaron la congregación en nuestro país es un vivo ejemplo de la caridad humana y del fervor religioso. Las Siervas de María sobrevivieron enormes dificultades; huracanes, sismos, fuegos, guerra y epidemias de salud exigieron de su voluntad y fuerza moral. Casi siempre amadas y respetadas, aunque en algunas ocasiones fueron criticadas, las Siervas de María son testimonio fiel a la templanza de las mujeres.
1.    El libro del historiador Gerardo Alberto Hernández Aponte, La salud y la labor social:  ministerio de las Siervas de María Ministras de los Enfermos en Puerto Rico (1887-1921), da cuenta de las luchas de la Congregación durante los primeros 34 años de activa vida en la isla. El recuento histórico del autor es minucioso, pendiente del más mínimo detalle de las siete fundaciones de las Siervas en nuestro país, así como de las vicisitudes grandes y pequeñas que enfrentaron en el desarrollo de su apostolado.
2.   Conocemos que la congregación investigada es la cuarta comunidad de monjas católicas que se establece en Puerto Rico. Las primeras fueron las Carmelitas Calzadas, 1651; las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, 1863; y las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, 1880; mientras que las Siervas de María se establecieron en la isla el 5 de enero de 1887.
3.   Conocemos, además, a través del libro que prologamos que diez mujeres del país se unieron a la comunidad religiosa, entre ellas, la primera, Filomena Santiago González, aiboniteña que ingresó a las Siervas el 23 de agosto de 1897. La vida de Sor Soledad Sanjurjo, otra de las vocaciones puertorriqueñas, actualmente es investigada por el Vaticano para su posible canonización. El uso de las fuentes primarias para documentar esta narración es exhaustiva y rigurosa, por lo que arroja luz sobre el uso de los archivos de Puerto Rico, los del estado, los de entidades privadas y los de la iglesia católica, así como la abundante prensa periódica de la época.


Hernández Aponte divide su libro en la introducción, tres capítulos, conclusión y un importante apéndice, en el que incluye los nombres y cierta información sobre  las religiosas que pertenecieron a la Congregación durante ese período histórico.
En la introducción el autor explica los objetivos de su texto y concluye diciendo lo siguiente: “Si bien este libro es un esfuerzo sistemático para entender la historia de la Congregación en Puerto Rico entre 1887 y 1921, también a través de su desarrollo se abordan otros temas como la historia de los hospitales, la beneficencia, la salud, la niñez, la vida social y cultural, la educación y las asociaciones religiosas y civiles en Puerto Rico. De esta forma, se proveen pistas, datos e interpretaciones que serán útiles para  investigadores de dichos tópicos”. Yo misma puedo afirmar que encontré información valiosa que me provee luz a mis investigaciones sobre las mujeres en Puerto Rico.
El Capítulo I se titula “Origen de la Congregación” y nos informa que las Siervas de María Ministras de los Enfermos conforman una comunidad religiosa católica fundada en España en el 1851 con el propósito principal de atender a los enfermos y enfermas en sus propios domicilios. Además, viendo que la población más pobre era atendida en los hospitales, desde un principio también ofrecieron allí sus servicios de salud y consuelo. Puede apreciarse en el libro de Hernández Aponte como la fundación de las Siervas de María esta imbricada con el desarrollo del cuidado de la salud y de la prevención de la enfermedad tanto en España como en varias de sus colonias en América, incluyendo a Puerto Rico.
El Capítulo II de este libro discute el “Establecimiento de las Siervas de María en Puerto Rico” y el desarrollo de las fundaciones en siete pueblos de la isla, a saber, San Juan, Ponce, Mayagüez, Arecibo, Coamo, Río Piedras y Aguadilla.
Las Siervas se establecían en un pueblo, en acuerdo con el párroco y con el apoyo del Obispo, con ayuda económica y a veces sólo con la promesa de conseguirla. Desde ese momento ellas mismas gestionaban donativos para vivir y realizar la ingente tarea de cuidar de mujeres y hombres enfermos. Las monjas sobrevivieron en muchas ocasiones en precaria situación económica con enormes vicisitudes para conseguir lo mínimo, es decir un techo, comida para ellas y lo necesario para desarrollar sus desvelos profesionales de cuido de las personas más necesitadas. La Virgen de los Dolores, pienso que muy acertadamente, fue su primera patrona, ya que fue inmenso el dolor  que vivieron desde temprano las Siervas de María, accidentes, enfermedad, plagas. Varias murieron debido a que contraían las enfermedades contagiosas de las personas que cuidaban, por ejemplo, fiebre amarilla o la peste bubónica.
El Capítulo III del texto, “La Congregación de Siervas de María ante la invasión estadounidense”, explica los azares que se sucedieron durante la invasión de los Estados Unidos a Puerto Rico durante la Guerra Hispano-Cubana del 1898. Las Siervas tuvieron que abandonar algunas de sus casas debido a los bombardeos para refugiarse en lugares más seguros, al tiempo que socorrían a enfermos y heridos.
Este capítulo arroja luz no solo sobre los avatares de la Congregación durante la invasión bélica sino que también ofrece información relevante y desconocida previamente sobre los hechos ocurridos durante la actividad castrense en los diferentes pueblos de la isla. Las consecuencias de la invasión ocurrieron casi de inmediato, pues además del cambio del gobierno colonial español por el estadounidense, hubo un cambio radical en el liderato de la iglesia católica, ya que su alta jerarquía en Puerto Rico a partir de ese momento sería de nacionalidad estadounidense en vez de española o puertorriqueña.
Para el 1898 Puerto Rico había alcanzado un gobierno autónomo, gestionado durante siglos de lucha política del pueblo puertorriqueño. Sin embargo, una vez Estados Unidos invade el suelo boricua en vez de reconocer el estado de situación de inmediato estableció en la isla un gobierno militar con todas sus características autoritarias y castrenses. Vemos en el libro cómo la Congregación de las Siervas de María deberá readaptarse a la nueva situación política del país.
Y lo hicieron, con tesón, como lo explica el autor. En Coamo lucharon en la Corte del Distrito de esa región por unas tierras que les habían sido arrebatadas, pero perdieron. Posteriormente un sacerdote y otras personas amigas las ayudaron económicamente para superar les estragos que ocasionó en su sede el Huracán San Ciriaco. En Ponce fueron acusadas de “fanáticas” por un grupo religioso protestante que formaba parte de las iglesias que se establecieron en Puerto Rico con la invasión de Estados Unidos. Alegó un ministro que algunas Siervas convertían al catolicismo a las enfermas bajo su cuidado antes de que murieran. El autor cita la prensa de este periodo histórico, en cuyas páginas fue denunciada la actitud de las religiosas.

Importancia de los conventos en el desarrollo de las mujeres
La historia de las mujeres en el mundo cuenta que a partir del Siglo VII, D.C., se crearon múltiples conventos en Europa que ofrecieron a las mujeres de la época la posibilidad de educarse en un mundo, en el cual el analfabetismo alcanzaba más del noventa por ciento. Ser letrado en la temprana Edad Media era un privilegio de género y de clase social. Es decir que solo conocían de letras pocos hombres de la aristocracia y de la iglesia y algunas mujeres de la nobleza.
En los conventos las mujeres aprendieron a leer y escribir, estudiaron ciencia, higiene y arte, desarrollaron destrezas para escribir literatura, cantar y a tocar instrumentos musicales. Las comunidades de monjas fueron fundamentales en la creación de escuelas, en las cuales se dedicaron a la enseñanza de niñas y niños. Como abadesas o superioras de los conventos desarrollaron su liderato y su talento para la organización. Se convirtieron así en paradigma de mujeres sabias y líderesas.
Luego de leer el libro de Hernández Aponte sobre las Siervas de María no puedo sino confirmar los datos históricos esbozados por varias investigadoras, entre ellas Margaret Walters y Gerda Lerner  , ya que las monjas de esta congregación son ejemplo de mujeres en lucha por sus convicciones religiosas y por su compromiso con el prójimo, a través de la utilización de cuidados actualizados de la salud. Fueron una especie de enfermeras pioneras en Puerto Rico cuidando no solo el cuerpo, sino también la espiritualidad de los enfermos. Las jóvenes que entraban a la orden debían saber leer, escribir y contar. De hecho la Madre Soledad Sanjurjo (1892-1973), natural de Arecibo, Puerto Rico, entró como una niña pobre a la casa de las Siervas de María en Río Piedras, allí se formó y educó. Más adelante fue aceptada en la orden en la cual se destacó por su liderato hasta convertirse en Superiora Provincial de las Antillas de las Siervas de María Ministras de los Enfermos con sede en La Habana, Cuba.
El Apéndice del libro, que incluye los nombres y cierta información de cada una de las Siervas que vivieron y trabajaron en Puerto Rico desde el 1887 hasta el 1921, ofrece información de la procedencia geográfica de las religiosas. Una mirada rápida refleja que muchas llegaron a la isla desde la provincia de Navarra, pero también de todas partes de la península ibérica y de algunos países americanos como Colombia y México. Sin embargo, como estudiosa de la historia de las mujeres, me hubiera gustado conocer mejor, más de cerca, a esta mujeres valientes y combativas. ¿Por qué se unieron a la vida religiosa de cuido de enfermos, que era tan difícil? ¿Cuáles son algunas de las anécdotas personales e historias de vida? Son múltiples las preguntas que surgen al leer este libro.
Se comprende que estas mujeres posiblemente aspiraban a ser anónimas trabajadoras por su dedicación a Dios, a Nuestra Señora de la Salud (adoptada como patrona antes de que la comunidad llegara a Puerto Rico) y a los enfermos y enfermas. Aun así, sigo echando de menos un diario que nos cuente que pensaba Sor Salvadora Adrián Goicochea durante su estadía en esta colonia tan alejada de su lar nativo. Y Sor Perpetua Cintrón Rivera, nacida en Maunabo, Puerto Rico, ¿qué pensó cuando se unió a la Congregación y la enviaron a Madrid, donde se formó para tomar los votos? ¿Qué dijo su familia? Quisiera que el cuidadoso investigador que es Hernández Aponte nos premie en su momento con el conocimiento personal de alguna de las Siervas de María revelado en cartas personales o en diarios.

Mi experiencia con las Siervas de María

Conocí a las Siervas de María o las “siervitas” como le llamamos en el Viejo San Juan, cuando establecí mi residencia en la antigua ciudad para el 1975. Comencé a verlas caminando por las calles antiguas, entrando a las casas a ofrecer sus servicios. Me encantaba mirarlas, no en balde estuve 16 años estudiando con religiosas de diferentes órdenes. Primero, mi escuela primaria en los colegios La Milagrosa de Río Piedras y el Espíritu Santo de Hato Rey, luego las hermanas del colegio universitario donde obtuve mi grado de bachillerato, Saint Mary-of-the-Woods College, Saint Mary-of-the-Woods, Indiana, EE.UU. Primero, las españolas y boricuas en La Milagrosa, luego las estadounidenses de la Sagrada Familia de Filadelfia, EE.UU., y más adelante las Sisters of Providence, de origen francés, pero establecidas en Indiana.
Sor María, mi maestra de primer grado, qué amor de mujer, qué habilidad para la enseñanza gustosa. Sister Adele, mi maestra de periodismo en escuela superior, quién forjó mi vocación de escritora y periodista, qué rigurosa y exigente. Mano dura con corazón de oro. Mi formación universitaria vino con las Sisters of Providence, eruditas lideresas, organizadoras y polémicas, fui testigo del impacto del Concilio Vaticano II en su orden. Ví a algunas de ellas dejar la enseñanza de “señoritas” (así nos llamaban en esos años) para retornar al trabajo social con los pobres y los enfermos. Me peleé con algunas, con otras compartí mis sentimientos y preocupaciones, a todas las admiré.
Por esa historia personal, cuando encontré a las Siervas de María reconocí en ellas a todas y cada una de las mujeres letradas y dedicadas que contribuyeron a formarme a mi y a mis hermanas. Visité su casa en el Viejo San Juan para apreciar el pesebre que montan anualmente y asistí a las Misas de Aguinaldo en su hermosa capilla. Pensé que su hogar, su convento, su espacio vital es especial, revela una presencia amorosa. Más cuando mi esposo (QEPD) y yo tuvimos a su madre hospedada en su hospicio, la admiración se tornó en agradecimiento. Doña Inés Tellechea Torres viuda de Ortiz, pasó allí tres meses con los cuidados de las Siervas de María.
El tiempo pasó de prisa y para los años finales de la década del 2000 visitaron a mis padres en su hogar de la Calle de la Cruz en el viejo San Juan. A cualquier hora que las llamábamos venían a medir la glucosa en la sangre de mi padre, a tomar la presión,  a ofrecer consejos. ¡Qué sentido de la caridad cristiana! Ah, y también, qué sentido del humor para hacer de sus visitas de salud, visitas de amistad. Más recientemente tuvimos a mi madre Guillermina Ferrer viuda de Valle en recuperación en su casa de San Juan. Llegó adolorida y casi sin poder caminar y salió cinco semanas después recuperada y contenta.
Sor Mercedes, Sor Concepción, Sor Alejandra, todas ellas fueron ejemplo de eficiencia y también de devoción. La atendieron con firmeza, pero con cariño, la guiaron en su proceso de restablecimiento. La casa de San Juan, cuya espectacular vista a la bahía, al Paseo de la Princesa y a los montes lejanos más allá de la bahía, inspira paz y recogimiento. Con ellas pasamos mis hermanas y yo momentos de feliz encuentro con nuestra madre y con las otras mujeres que allí convalecían.
Cuando el 5 de enero de 2012 las ví desfilar por la Puerta de San Juan en recordación y celebración de sus 125 años de presencia en Puerto Rico, me dije que todavía hoy son el vivo ejemplo de lo que fueron en el 1887, que siguen realizando su trabajo con el amor que les inspiran las personas pobres y enfermas del mundo. ¡Feliz aniversario!

 


Norma Valle Ferrer
12 de enero de 2012
--Publicado en Gerardo Alberto Hernández Aponte, La salud y la labor social:  ministerio de las Siervas de María Ministras de los Enfermos en Puerto Rico (1887-1921), San Juan de Puerto Rico: Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2012. (En prensa.)

Notas
1. La discusión de estas ideas y datos históricos la he tomado principalmente de los siguientes libros: Margaret Walters, Feminism, A Very Short Introduction, London: Oxford University Press, 2005; Gerda Lerner. The Creation of Feminist Consciousness. New York: Oxford University Press, 1993; y Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fé, México: Fondo de Cultura Económica, 1982.
2. Ibid.

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