Norma Valle

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Periodismo literario, Una invitación a cultivarlo

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“Nuestro pueblo, harto ya de la ausencia de una mística de la imaginación, necesita renovar su inventario de imágenes. Ya el gusto por el periodismo literario está forjado. Lanzo aquí la invitación que el género hace a los colegas periodistas para que lo cultiven y a los lectores para que los disfruten.”

I. Introducción y definiciones

El propósito de este breve ensayo es demostrar que el periodismo literario es un género periodístico, además de explicar cómo se ha desarrollado desde los albores del Siglo XX hasta nuestros días y analizar la razón para que este género tenga tanta aceptación entre los lectores puertorriqueños.

Valdría la pena ahora definir lo que entendemos por periodismo literario, retar con cierto atrevimiento de mi parte las teorías de algunos de los importantes teóricos de la literatura y analizar con sus propios métodos este género para que nos sirva de instrumento de análisis de nuestro periodismo y a la vez de acicate para utilizarlo en el desempeño de nuestra profesión.

Periodismo es el ejercicio o profesión de periodista y periodista es aquel que ejerce en un periódico, que compone, escribe o edita un periódico. Periódico, del latín “periodicus”, significa que guarda un periodo determinado. También se dice del impreso que se publica diariamente.

A esta amplia definición que hace del periodismo la Real Academia Española podríamos añadir la que hacemos los periodistas: periodismo es el ejercicio de un conjunto múltiple y heterogéneo de actividades que además de cumplir con el requisito de periodicidad en la publicación o divulgación de una noticia, cumple a su vez con unas funciones determinadas de informar, orientar, interpretar o entretener. También, que se justifique con uno o más de los valores por los cuales se identifica un suceso como noticioso: actualidad, proximidad, relevancia personal, consecuencias, sexo, violencia, suspenso, rareza, progreso, conflicto, aunque no necesariamente en ese orden.

El estilo periodístico, además, se define por varias otras características. Se desarrolla principalmente en función a un público lector que tiene unas necesidades de informarse para poder tomar una serie de decisiones acertadas con respecto a su vida inmediata o a su futuro. A esos efectos se han desarrollado con los años y la experiencia unos formatos adecuados para el cuerpo de la información, que conocemos como la “pirámide invertida”, y para el tope de esa pirámide, el famoso “lead” que contesta las preguntas ya clásicas: qué, cuándo, dónde, quién, cómo y por qué. Y aunque ha variado un poco la forma en que se puede acometer el “lead” y el estilo piramidal, todavía es la forma más usual de redacción. Es así aunque en nuestras clases de redacción periodística en la Universidad de Puerto Rico se discuten también el estilo de pirámide normal y el de reloj de arena.

Podríamos seguir discutiendo en mayor extensión el estilo periodístico, pero pasemos ahora a la definición de lo que es literatura, tratando de sintetizar el concepto pero que nos permita expresar con claridad las ideas.

Nuevamente utilizamos la definición de la Real Academia Española: literatura significa arte bello que emplea como instrumento la palabra. Comprende no solamente las producciones poéticas sino también todas aquellas obras en que caben elementos estéticos como las oratorias, históricas y didácticas.

Entonces podríamos entrar en todo el maravilloso mundo de la literatura, que incluye su análisis por género – que los griegos definían como lírica, drama y épica – y que a través de los siglos creció para incluir el cuento, la novela, el ensayo literario. Su estilo es aquél que dicta su género, y su lenguaje utiliza la mayor creatividad de que tenga capacidad al escritor. El ingenio, el buen conocimiento del lenguaje y la maestría al utilizarlo ofrecen a la literatura un campo limitado.

A diferencia de quienes cultivan el periodismo, el escritor que cultiva un género literario no tiene que pensar en su público lector, en la necesidad de ofrecerle información, sino que puede pensar solo en sí mismo, en su desdoblamiento en el tema y en que el producto final sea una obra de gran belleza estética.

Pasemos entonces a lo que significa ficción, literatura de ficción. ¿Qué se quiere decir cuando hablamos de que el periodismo literario le roba o le pide prestado a la literatura de ficción? “Fictio-nis” viene de “fingere”, que en latín significa por un lado fingir y mentir, engañar, y por el otro, modelar, componer, heñir o amasar para dar forma como se hace con la harina para convertirla en pan.

Y de ahí sí que podemos partir para iniciar la definición del periodismo literario. Porque el periodismo literario sin alterar su función prioritaria de informar u orientar puede componer una historia, amasarla para que su forma sea hermosa y sabrosa.

El conocido teórico de la literatura Enrique Anderson Imbert nos dice lo siguiente sobre lo literario y lo no literario:

Sobre lo literario:

“El escritor abstrae de su experiencia, no un elemento público, universal, sino elementos privados, particulares. Son elementos que los ha estructurado en una sintaxis tan bien ceñida a los ondulantes movimientos del ánimo, se las ha revestido con un estilo tan imaginativo y rico en metáforas que todos los elementos juntos equivalen casi a rendir la experiencia completa”.

Sobre lo no literario:

“No literatura es la comunicación lógica de un saber abstraído de la experiencia humana. Los escritores que no hacen literatura continúan en una actitud impersonal y objetiva la tendencia del lenguaje a acrecentar su poder abstracto y generalizador”.

Para Anderson Imbert sólo la ficción es literatura, literatura que según los estudiosos Thomas Kane y Leonard Peters en su libro Writing Prose: Techniques and Purposes (1964) utiliza con maestría el arte de narrar, describir y exponer. Es decir, que según los parámetros de lo que es literario y no literario que expone Anderson Imbert, el periodismo no podría ser literario porque no es ficción.

Sin embargo, vamos a ver cómo el mismo Anderson Imbert al explicar lo que es un género nos da una salida airosa que nos permite sostener el término de periodismo literario y su definición correcta. Dice el crítico literario que los géneros son esquemas mentales, conceptos de validez histórica que cuando son utilizados con corrección, educan el sentido del orden y de la tradición y por tanto pueden guiar al crítico y aún al escritor. Guía al crítico porque interesado en analizar y describir la estructura de un género, el crítico forma un conjunto de términos que luego utiliza para evaluar una obra individual. El género guía también al escritor porque, aunque quiera o no seguir las pautas que le dicta un género, se hace consciente del culto social a ciertas formas.

Según Anderson Imbert el género, aunque mira hacia atrás, hacia obras del pasado, también mira hacia delante, hacia obras futuras, y el escritor tiene que decidir por la forma que ha de dar a lo que escribe; una forma que repetirá características semejantes a las de obras ya tradicionales o, al contrario, ofrecerá características desemejantes. “Los géneros a veces lo incitan, a veces lo repelen, y el escritor continúa sintiéndose libre porque en la historia de la literatura , la proliferación de géneros imprevistos y de sus sorprendentes combinaciones equivale a una lección de libertad” (Anderson Imbert 79: 15).

II. Periodismo literario

Es en ese punto de su discurso cuando el crítico nos da apoyo para definir un cierto tipo de artículo periodístico como perteneciente al género del periodismo literario. Algunos estudiosos ya están considerando estos reportajes como periodismo literario, pero lo hacen con cierta timidez; yo me atrevo a afirmarlo sin titubeo, porque entiendo que cumple con todas las características de un género, uno que toma cada vez más auge en la batalla de los medios de comunicación, uno que a los puertorriqueños nos va muy bien con nuestra realidad.

André Fontaine, periodista durante muchos años y profesor universitario, es uno de esos estudiosos que discute el periodismo literario como género. En su libro The Art of Writing Non-fiction, Fontaine explica que para la década del 1920 se puede observar un cambio significativo en la práctica del periodismo. Este cambio o nuevo estilo se ha llamado de múltiples maneras, entre éstas, nuevo periodismo, periodismo de causa, periodismo testimonial y más recientemente periodismo literario.

Fontaine ofrece una definición para el género que considero muy acertada y que por lo tanto hago mía con ciertas enmiendas. Un artículo que puede catalogarse como periodismo literario es aquél que recoge un proceso creativo basado en el reportaje riguroso, que utiliza el ingenio y las destrezas del escritor de ficción y presenta las conclusiones del periodista autor después de que en forma objetiva ha evaluado los datos sobre la realidad que se discute o plantea. Es importante señalar que el periodismo literario debe tener el mismo apego a la investigación y redacción periodística, cuidadosa e incisiva, clara y concisa, así como a las técnicas literarias de la literatura de ficción, como son el suspenso, desarrollo dramático y desarrollo de los personajes.

Los artículos de periodismo literario varían en su extensión desde un artículo en profundidad o a fondo de cinco cuartillas a un artículo para una revista de 15 ó 20 cuartillas, hasta un reportaje de 200 ó 300 páginas recogido en forma de libro.

El escritor Truman Capote, autor de In cold blood, hablando sobre la creatividad envuelta en el tipo de trabajo que de forma diáfana puede catalogarse como periodismo literario opina:

“Si los críticos no comprenden que el periodismo es en realidad la forma más vanguardista que existe hoy en la literatura, entonces sus cabezas están en la arena. El periodismo es actualmente la última frontera sin explorar de la literatura. Es el único campo de experimentación que tenemos hoy día” (Fontaine 74:12).

Y Montserrate Quesada, periodista y profesor española, en su libro La entrevista: obra creativa, dice: “Se ha repetido demasiadas veces que el deseo secreto de todo periodista es retirarse algún día a ejercer de escritor. Pues bien, ya no hace falta seguir soñando con esa novela redentora para calmar los furores creativos; aunque tampoco digo que haya que desechar la idea por ingenua. Lo que sí afirmo es que es posible exhibir como literato sin necesidad de recurrir a la fantasía novelesca. Es decir: emplear el lenguaje literario para informar sobre hechos reales tomando las fuerzas vivas como lo que son: personas de carne y hueso” (Quesada 84:3).

Ciertamente la entrevista de personalidad cabe muy bien dentro del género de periodismo literario y es tal vez como más se ha utilizado, especialmente en Puerto Rico. Yo misma he cultivado extensamente el género de periodismo literario, aplicado a las entrevistas de personalidad.

Haciendo un poco de historia, podríamos decir que por lo menos hasta principios del Siglo XX el periodismo se consideró un oficio, para algunos realmente ingrato. ¿Por qué se tildó de oficio al ejercicio del periodismo? Pues sencillamente porque el periodista, a diferencia del escritor de los géneros literarios, escribía por una paga inmediata. Se buscaba la noticia a cambio de unas monedas, y a veces por necesidad de esas monedas, se inventaba la noticia.

En la antigua Roma se diferenciaba el oficio del “carasita” o buscador de noticias, usualmente un esclavo, del de redactor, la persona que escribía, usualmente un senador o un magistrado. De esos orígenes antiguos es que que el escritor se consideraba, digamos el profesional, mientras que el periodista, si acaso, un trabajador diestro, encargado de realizar un trabajo de menor remuneración y menor estatus.

III. Ejemplos de periodismo literario

Esta situación fue evolucionando durante siglos y cambiando, hasta que para finales del Siglo XIX, los periodistas comenzaron a identificarse como grupo y a considerar su trabajo como una profesión noble. Se comenzó a definir la esencia de la función, a insuflarle de gran responsabilidad social, ética profesional y de un marco de destrezas necesarias para el desarrollo de esa función. Ya en las primeras décadas de ese siglo surge la figura de John Reed, un periodista norteamericano adelantado que posicionó el periodismo en un lugar de privilegio.

Reed fue testigo de la historia y la escribió en crónicas periodísticas que hoy leemos con la misma excitación que se leyeron hace siete décadas Reed, autor de historias verídicas sobre la revolución mexicana publicadas en forma de libro con el título de México Insurgente y del relato de la revolución soviética 10 días que estremecieron al mundo, cogió prestado de la literatura de ficción la descripción detallada, la metáfora, siempre en función de informar fielmente sobre un suceso o un proceso histórico.

Aunque no pretendemos que este análisis sea exhaustivo, sí queremos señalar a John Reed como uno de los primeros periodistas que cultiva el género del periodismo literario con maestría. Para ilustrar sobre la forma en que lo utilizó nos permitimos citar un párrafo de su 10 días que estremecieron al mundo:

Como ocurre siempre en semejantes períodos, la pequeña vida convencional continuaba su curso, ignorando lo más posible la revolución. Los poetas componían versos, pero no a la revolución. Los pintores realistas pintaban escenas de la Rusia medieval, todo menos la revolución. Seguían llegando a la capital señoritas de provincias para aprender francés y educar su voz. Jóvenes y elegantes oficiales paseaban en el hall de los hoteles sus bachlyks carmesí bordados de oro y sus sables caucasianos ricamente niquelados. Las mujeres de los funcionarios se reunían por las tardes a tomar el té, llevando cada una en su manguito una cajita con azúcar de oro o plata ornada de brillantes, y media hogaza de pan. Estas damas suspiraban por la vuela del Zar, con la llegada de los alemanes y, en fin, por todo aquello que pudiera resolver la crisis del servicio doméstico. La hija de un amigo mío sufrió un día un ataque de histeria porque la cobradora de un tranvía le había llamada “camarada” (Reed 80:36).

Con este breve pasaje ofrecemos sólo una muestra de la prosa hermosa e informativa de Reed, a quien podemos considerar un ilustre pionero del periodismo literario. En la década del ’20 y del ’30 fueron varios los periodistas norteamericanos que se unieron a la práctica del periodismo literario y nuevamente sin aspirar a explorar exhaustivamente el tema, mencionamos algunos: Ernest Hemingway, Frederick Lewis Allen, John Dos Passos, Upton Sinclair. Mientras tanto en la América Hispana, el cubano Alejo Carpentier y el argentino Jorge Luis Borges también cultivan para esas mismas décadas el género de forma magistral.

No quisiera hacer un catálogo de nombres pero es importante señalar que en las décadas posteriores, en los Estados Unidos, Truman Capote y Norman Mailer son algunos de quienes cultivan el periodismo literario, al tiempo que en América Latina lo practican Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, entre otros.

Son muchos los reportajes de García Márquez que caen dentro del género del periodismo literario; de ejemplo vamos a citar un pasaje de su más reciente reportaje La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile:

Cuando descendimos, pasado el mediodía, estaban saliendo las lanchas que se aventuran a diario hasta la cercana Isla de Santa María por un mar horrendo y peligroso, de enormes olas negras, con familias enteras cargadas de enseres usados y cosas y animales de comer. Las minas de carbón están en túneles profundos que se adentran por el fondo del mar, donde trabajan miles de obreros durante todo el día en condiciones miserables. Fuera, alrededor de las entradas de los túneles, centenares de hombres y mujeres con sus niños escarban la tierra como topos, sacando con las uñas los residuos de las minas. Arriba, en el parque, el aire es puro y diáfano por el oxígeno de los árboles. Abajo se respira el polvo del carbón en la niebla, que duele en la respiración y se sedimenta en los bronquios. Visto desde arriba, el mar es de una belleza inimaginable. Abajo es turbio y fragoroso. (García Márquez 86:78)

III. Puerto Rico

En Puerto Rico, aún a pesar de que no existen revistas informativas y de que los periódicos no conceden mucho tiempo y espacio a sus periodistas para que cultiven el género del periodismo literario, son varios los periodistas que podemos mencionar como diestros en el género. Sin pretender hacer un catálogo completo, podemos mencionar a Gloria Borrás, Mayra Montero Tabares, y más recientemente Nelson Gabriel Berríos en El Mundo. Ariel Ortiz Tellechea, Iris Landrón, Gloria Leal y Bienvenido Olavarría en El Nuevo Día. Eneid Routté-Gómez y Robert Friedman en The San Juan Star. Coqui Santaliz, Norma Valle, Marilú de Laosa y Samuel-René Quiñones en El Reportero.

A continuación citamos algunos pasajes de artículos de periodismo literario escritos por varios periodistas puertorriqueños:
Eneid Routté-Gómez publicó en su periódico varias entrevistas de personalidad como parte de una serie titulada “The Survivors” que sobresalen por su sentido de humanidad y por la destreza con la cual fueron escritas. Una de éstas, “Despite blindness, Angel Morales ‘reads’ on”, puede considerarse un claro ejemplo de periodismo literario.

Ángel Morales is saying hello to darkness these days. “I’m going blind,” says the former advertising executive. “The doctors give me encouraging grunts when I ask them about my vision but I know I’m going blind”.

Ángel Morales, 66, has planned for the day when the light he still perceives is completely blacked out, for a darkness so total and deep that nothing can pierce it, (The San Juan Star, 1/28/80).

Durante el momento de la muerte, el velorio y entierro del político puertorriqueño Luis Muñoz Marín, el periodista Ariel Ortiz Tellechea utilizó acertadamente un juego literario para informar sobre la misa del difuntos celebrada en la Catedral de San Juan, en el cual entrelaza el texto de la misa y la descripción de lo que allí aconteció:

Ahí está doña Inés, serena, impasible, junto al féretro. Los hijos, los amigos más íntimos, los compañeros y los adversarios de luchas políticas de Luis Muñoz Marín.

“Yo confieso ante Dios todopoderoso”…
El santo recinto está solemne. Resuena en sus naves el gemido de la multitud que no pudo entrar al templo, y se confunde con las delicadas notas de una suite en Ré de Juan Sebastián Bach, que interpretan miembros de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.

“Santo, santo es el Señor de todos los ejércitos”…
Continúa el homenaje póstumo de fe y cariño a Luis Muñoz Marín. Hernández Colón suda copiosamente. Rubén Berríos observa solemnemente. Romero Barceló no articula un solo gesto. Las intensas luces de la televisión generan más calor. La multitud sigue afuera, en la escalinata, unida en alma y espíritu a la misa (El Nuevo Día 14/5/80, p. 14)

Y el periodista Samuel-René Quiñones, como parte de un extenso reportaje sobre la salud mental en Puerto Rico, describió para la posteridad el ambiente de una barriada donde la venta de drogas es algo cotidiano:

Al bajar la embreada jalda que entra a La Perla nos cruzamos, sin hablar, con más de una docena de hombres jóvenes que subían poco a poco hacia el boulevard. Algunos se rascaban al costado. A los lados de la jalda, algunos carros estacionados. Dos o tres Toyotas y un Nova algo destartalados, pero también un Volvo, un Mazda nuevo, un BMW.

Al entrar a la legendaria barriada en si, un tumulto. Entre las sombras, pero caminando de un lado a otro, como en un mercado o una feria. Algunos vendían drogas como en las avenidas se venden flores. La mayoría las compraban. Cocaína. Varios tipos de heroína con pintorescos nombres para cada variedad, como “Playboy”. Vendedores y consumidores eran casi en su totalidad hombres. Jóvenes. La mayoría parecía conocerse, o al menos reconocerse. (El Reportero, 11/2/87 p.4)

Definitivamente el periodismo literario es un género efectivo para presentar cierto tipo de informaciones y sucesos. Es también un género atractivo a los lectores porque como diría el comunicólogo canadiense Marshall McLuhan es un medio caliente que estimula la imaginación.

Nuestro pueblo, harto ya de la ausencia de una mística de la imaginación, necesita renovar su inventario de imágenes. Ya el gusto por el periodismo literario está forjado. Lanzo aquí la invitación que el género hace a los colegas periodistas para que lo cultiven y a los lectores para que los disfruten.

BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA

Anderson Imbert, Enrique. Teoría y técnica del cuento. Buenos Aires: Marymar, 1979.

De Miguel, Amando. Sociología de las Páginas de Opinión. Barcelona: A.T.E., 1982.

Fontaine, André. The Art of Writing Non-fiction. New York: Harper & Row Publishers, 1974.

García Márquez, Gabriel. La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile: un reportaje. Bogotá: Editorial La Oveja Negra, Ltda., 1986.

Kane, Thomas y Peters, Leonard. Writing Prose: Techniques and Purposes. Second Edition. New York: Oxford University Press, Inc., 1964.

Quesada, Montse. La entrevista: obra creativa. Barcelona: Editorial Mitre, 1984.

Reed, John, 10 días que estremecieron al mundo. Sexta Edición en español. México: Editorial Grijalbo, 1980.


 

Este ensayo apareció en el libro : El periodismo en Puerto Rico: reflexiones, reseñas y ensayos. San Juan, Puerto Rico: Universidad Interamericana, Metro, Librotex, 1987

 

© Norma Valle Ferrer

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