Norma Valle

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Anarquismo y feminismo, la ideología de cuatro mujeres latinoamericanas de principios del Siglo XX

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Resumen

En este ensayo se analiza la ideología que inspiró el activismo de cuatro lideresas obreras latinoamericanas, de Puerto Rico, México, Argentina y Uruguay.

Abstract

In this essay, the author discusses de ideology that inspired four Latin American women labor leaders, in Puerto Rico, Mexico, Argentina and Uruguay.

I. Introducción

Cuando inicié mi investigación hace casi 30 años sobre la vida y la obra de la puertorriqueña Luisa Capetillo, los estudios de género eran una disciplina incipiente en nuestro mundo latinoamericano. Es más, sólo se iniciaban también en Europa y los Estados Unidos. Por la carencia de estudios profundos sobre la mujer y el feminismo se me hacía difícil ubicar a Luisa Capetillo en la esfera de sus contemporáneas, con la excepción, tal vez, de la ruso estadounidense Emma Goldman, quien al igual que Capetillo fue anarquista y feminista.

Sin embargo, con el transcurrir de los años y el desarrollo de la disciplina a nivel académico y periodístico de los estudios de género, así como mi vinculación como corresponsal para Puerto Rico de la publicación feminista mujer/fempress, he advenido en conocimiento de la vida y obra de varias mujeres latinoamericanas que como Luisa Capetillo fueron en sus países adelantadas a su época, profesaron el anarquismo y se hicieron abanderadas del feminismo para adelantar la causa de las mujeres y de los obreros. Estas mujeres son Juana Belén Gutiérrez de México, Juana Rouco Buela de Argentina y María Collazo de Uruguay.

 

En este breve ensayo monográfico presentaré y analizaré las tangencias ideológicas de estas cuatro latinoamericanas, ignoradas por la historia oficial y hoy rescatadas del olvido por las mujeres investigadoras que a orgullo nos consideramos sus descendientes.

Lo primero que tenemos que decir de estas cuatro mujeres es que fueron militantes de varias causas afines y que convergían en una sola: la emancipación de las mujeres y de los obreros. Fueron periodistas, educadoras, lideresas obreras y luchadoras en los frentes políticos que propulsaban la igualdad entre las diferentes clases sociales de sus respectivos países. Las ideologías que corrían al interior de sus vidas eran el anarquismo y el feminismo en una relación dialéctica que enriquecía la una a la otra. Es difícil explicar si primero fueron feministas y después anarquistas o viceversa, lo cierto es que ambas ideologías se hacían una sola en sus planteamientos políticos y en su práctica cotidiana.

II. ¿Quiénes fueron estas mujeres de avanzada?

 

Luisa Capetillo (1879-1922), hija de un español y de una francesa, nació en Arecibo, Puerto Rico. Desde muy niña aprendió a leer y escribir, y con sus padres conoció la literatura romántica y revolucionaria de su época. En sus escritos describe el momento en el 1905 cuando hace su debut sindical durante una huelga agrícola de su pueblo natal.

Al unirse a la Federación de Libre de los Trabajadores de Puerto Rico, de la que posteriormente se convierte en líder, adviene en conocimiento de los teóricos anarquistas cuyas ideas de reivindicación social inundaban las mentes y los discursos de sus compañeros de lucha. Como lectora en las fábricas de tabaco de la isla de Puerto Rico leyó para sus compañeros y compañeras los libros fundacionales del anarquismo de Miguel de Bakunin, Pedro Kropotkin, Carlos Malato, Enrico Malatesta y León Tolstoy. Así lo explica en los cuatro libros que escribió, publicó y dejó como legado para la posteridad.

Era de un profundo anticlericalismo, pero a la misma vez abrazaba la fe espiritista, ya que el espiritismo concedía igualdad plena y justiciera al alma de las mujeres, sin intermediarios como en el catolicismo. Recorrió los pueblos y los campos de Puerto Rico agitando con la Cruzada del Ideal, mientras escribía para periódicos de Puerto Rico y del extranjero. Abogaba por el internacionalismo proletario, por lo que viajó a Cuba, República

Dominicana, México y Estados Unidos, dónde vivió en Ibor City, Tampa y en la ciudad de Nueva York. Tenemos conocimiento de que publicó artículos en todos estos países y se carteaba con hombres y mujeres de la América Latina con quienes compartía los ideales anarquista y feminista obreros. Por ejemplo, en la Argentina se publicó una antología titulada Voces de Liberación en la cual se incluyó un artículo de Capetillo, así como otros de Emma Goldman y Rosa Luxemburgo. En la política partidista en Puerto Rico militó en el Partido Socialista Obrero de entronque anarquista, mientras que en Cuba militó con el movimiento anarquista y fue expulsada de ese país por firmar el Manifiesto de Cruces. Trabajó como periodista, organizadora sindical, lectora en las fábricas de tabaco, conferenciante y dueña de una hospedería y restaurante vegetariano en Nueva York. Capetillo predicaba el vegetarianismo y los ejercicios como forma de mantener una vida sana y productiva. Nunca se casó legalmente pero tuvo dos hijos y una hija, a quienes amó profundamente.

Luisa Capetillo se conoce como la primera mujer que utilizó pantalones en público en Puerto Rico y en Cuba. Ella vistió pantalones, de hombre o estilo harén, o falda pantalón, según fuera el caso, pues creía que el pantalón se adaptaba mejor a la vida diaria de las mujeres. Como toda buena anarquista entendía que su ideología no era sólo para predicarla sino para vivirla. Al igual que ella Juana Belén Gutiérrez, a quien conoceremos más adelante, vistió un traje sastre de corte masculino y botines, que se convertiría prácticamente en su ropa característica.

Juana Belén Gutiérrez (1875-1942) nació en San Juan del Río, Durango, México, hija de un labriego de Jalisco y una mujer descendiente de los indígenas caxcanes de Zacatecas. Juana asistió a la escuela por un corto período, pero al morir su padre trabajó como empleada doméstica hasta que se casó a los 17 años con un minero y se trasladaron a Coahuila, dónde él trabajaría en la mina La Esmeralda. Allí, Juana se ganaba la vida cosiendo uniformes para los mineros por lo que pronto tuvo un dinerito que invirtió en un hato de cabras. De ahí en adelante la historia de Juana Belén se entreteje con la historia revolucionaria de México. El hato de cabras lo vendió para comprar una imprenta a la que llamó “Filomena”, que le sirvió para la publicación de su periódico Vésper, que tuvo varias épocas y lugares de publicación. Desde las páginas de su publicación, Juana Belén dio a conocer sus ideales anarquistas en favor de los obreros, del anticlericalismo y posteriormente de diferentes lideres políticos como fueron los hermanos Flores Magón, Maderos y Zapata. En la larga lucha de Juana Belén por la igualdad de los obreros y los indígenas, le nace la conciencia feminista, cónsona con sus ideas anarquistas.

La investigadora mexicana Ana Lau Jaiven, de la Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco, en su ensayo biográfico “Juana Belén Gutiérrez de Mendoza: Me doblo pero no me quiebro” explica que en un número de su periódico Vésper, Juana dio a conocer una declaración de principios que “nos permite conocer la visión que entonces tenía de sí y la independencia de carácter que sostendría a lo largo de su vida. Afirmaba estar en posesión de su libertad, en pleno uso de sus derechos y de su soberanía, sin yugos ni cadenas, sin preocupaciones ni prejuicio, desconociendo temores y abominando cobardías”.

Cita a Gutiérrez diciendo que: “para nosotros no hay tiranía posible y con ser así nos basta para ser inmensamente libres”. En ese momento Juana Belén aceptaba luchar por el candidato Maderos para que el pueblo rompiese sus cadenas aunque, cautelosa, afirmaba que “la caída de un tirano no es la caída de la tiranía”. En toda su vida le requisaron seis talleres de prensa y cada vez que se los requisaban acudía a los suscriptores, a sus compañeros revolucionarios que le daban dinero para la prensa y como podía, volvía a vender el periódico.

Dice Lau que Juana Belén “organizó, congruente con su ideal anarquista del matrimonio y su ferviente antipatía a la religión, el enlace, en unión libre, de su “hijo adoptivo” Santiago Orozco con su hija legítima Laura Mendoza. Pidió al intelectual zapatista y antiguo compañero de luchas, Antonio Díaz Soto y Gama que presidiera la ceremonia, en estos términos...”se trata de dos rebeldes en cuya frente puse todos los ideales, de cuya conciencia arranqué todos los prejuicios, a cuyo espíritu dí las alas de todas libertades, y no serán ellos los que para unirse se sometan a las imposiciones bárbaras, inmorales y absurdas de la religión y de la ley; en consecuencia, la unión de dos seres como ellos, es algo como un desafío a la sociedad que se escandaliza y lanza su anatema sobre los que se rebelan”... Añade Lau explica que el incipiente feminismo de cuña anarquista que se manifestaba en el documento matrimonial se gestó en la mente de Juana, y luego, los principios se plasmarían en el proyecto sobre el matrimonio que dio a conocer el zapatismo y en el cual aparecen puntos como los mencionados.

En el 1917, Juana Belén, con el apoyo de los gobernadores de Michoacán y de Sonora, Pascual Ortiz Rubio y Adolfo de la Huerta, obtuvo fondos y tierra para organizar una Colonia Agrícola Experimental comunitaria. La forma en la que Juana Belén describe los propósitos de esta colonia agrícola es muy parecida a la que concibe Luisa Capetillo en Puerto Rico y para la cual pide ayuda a los líderes obreros Santiago Iglesias Pantín (PR) y Samuel Gompers (EEUU). A pesar de que Juana Belén consigue que le fuera concedido un terreno en Acatlipa dentro de la hacienda de Temixco, en Morelos, la Colonia Agrícola no prosperó por falta de apoyo, como tampoco prosperó la idea de Capetillo, tildada de demasiado idealista por sus compañeros del obrerismo.

Juana Belén se desempeñó posteriormente en varios empleos relacionados con la docencia: fue maestra misionera; directora de la escuela de Artes y Oficios del Departamento de Mujeres en Puebla; inspectora de Escuelas Rurales, comisionada en San Juan del Río y administradora del Sanatorio del Estado en Zacatecas. Cuando Juana Belén adiciona la docencia al periodismo influye en ella la campaña que su antiguo compañero de luchas José Vasconcelos lanzó por una educación para todos. La creación de la Secretaría de Educación Pública en 1921 permitió a Vasconcelos poner en práctica un programa de alfabetización para los sectores más desprotegidos y proponer una educación nacionalista que integrara las herencias indígena e hispana en un sólo concepto que sirviese como símbolo de identidad. Recordemos que Juana Belén tenía ascendencia indígena por lo que se identificaba profundamente con los postulados de Vasconcelos.

En su vida personal, al igual que Capetillo, Juana Belén vivió las máximas del anarquismo, se casó una primera vez, pero luego convivió con otros compañeros de luchas en uniones libres; vistió con un sencillo traje sastre, inusual para la época y fue una agitadora revolucionaria. A sus hijas e hijos los educó con una conciencia de la emancipación que trascendió su vida.

María Collazo, feminista uruguaya anarquista, es biografiada por la escritora de la misma nacionalidad Graciela Sapriza, quien la identifica de la siguiente manera:

“En 1907, María Collazo participó en la organización de una ‘huelga de inquilinos’, que agrupó al 80% del total de inquilinos de Buenos Aires. El número de huelguistas fue calculado en alrededor de 100,000 personas. Este conflicto, anclado en una dimensión de lo cotidiano -la vivienda- movilizó a las mujeres, convirtiéndolas en las grandes protagonistas de los acontecimientos. La prensa en general brindó una amplia información. La revista Caras y Caretas ilustró con fotografías los diferentes episodios que se sucedieron entre los meses de septiembre a noviembre del año 1907. En el número 2 de noviembre, aparecen fotografiadas Juana Buela y María Collazo, haciendo uso de la palabra durante un "meeting". La misma revista informó sobre la aplicación de la Ley de Residencia (1902), por la que fueron expulsados de la Argentina algunos dirigentes anarquistas, entre ellos María Collazo, Virginia Bolten (por ser uruguayas) y Juana Buela (española).

“En julio de 1915 aparece en Montevideo una nueva publicación, La Batalla, periódico "de ideas y de críticas" -como dice su encabezamiento-, cuya directora es uruguaya y es mujer. Se llama María Collazo. Esta mujer, anarquista, de comienzos de siglo, madre de cinco hijos, nace en el seno de una familia de inmigrantes españoles católicos. Es la quinta de nueve hermanos y su primera educación la recibe en un colegio de monjas. El primer contacto con el anarquismo lo tiene a través de uno de sus hermanos. Esta militancia le significó la ruptura familiar. En el país y desde muy temprano se observaban corrientes libertarias que plantearon como tema central la emancipación de la mujer a través del trabajo asalariado, pero no sólo a través de él. Estas corrientes se atrevieron a cuestionar todo el orden social y trazaron su utopía incluyendo entre sus propuestas la reformulación de las relaciones personales, la vida afectiva y la cotidianidad.”

Sus hijas la describen como una verdadera militante que a un mismo tiempo cocinaba y cuidaba de los hijos, mientras escribía artículos y asistía a “meetings” políticos y participaba de todo tipo de actividades políticas.

Juana Rouco Buela (1889-1969), nació en España pero emigró de niña con su familia a Buenos Aires. Inmigrante y analfabeta, al llegar a la Argentina trabajó en una fábrica, como tantas otras niñas de su época. A través de su hermano se pone en contacto con los grupos anarquistas agrupados en la Federación Obrera Regional de la Argentina (FORA). A los doce años aprendió a leer y escribir, "por querer saber y conocer". El 1ro. de mayo de 1904 recibió su "primer bautismo de fuego". La manifestación fue reprimida por la policía y cayó muerto un obrero.

Se convirtió en activista obrera, anarquista y feminista. Al igual que muchas pioneras del feminismo utilizó el periodismo como instrumento de lucha, por lo que colaboró furiosamente con revista y periódicos.

En el 1907 participó junto a María Collazo en la huelga de inquilinos de Buenos Aires, por lo que fue deportada a España. Regresó posteriormente a Uruguay y de ahí se trasladó a la Argentina, que consideraba su país. Se casó en 1921, a los 32 años de edad, y se radicó en Necoechea donde fundó el Centro de Estudios Sociales Femeninos, lugar de encuentro para mujeres obreras. Además, fundó el periódico Nuestra Tribuna (1922-1924), periódico anarquista internacional escrito por mujeres y para mujeres. El consejo editor estaba formado por cuatro mujeres. Se tiraban 4,000 ejemplares. Juana Rouco Buela tuvo varios hijos e hijas, mientras continuaba su vida de periodista y activista. Trabajó con periódicos grandes comerciales y con los estrictamente políticos y feministas. Continuó su lucha como periodista, oradora y escritora hasta su fallecimiento a los 80 años en Buenos Aires.

 

III. La ideología anarquista y feminista que hermanaba a estas cuatro mujeres

Muchas mujeres pobres, obreras e hijas de inmigrantes españoles y de otros países europeos encontraron en la ideología anarquista una razón de vida. Considero que son varias las razones para que estas mujeres líderes con una cierta conciencia feminista intuitiva abrazaran el anarquismo como su guía ideológica.

Primero, el anarquismo les concedía a las mujeres un carnet de igualdad. Algunos teóricos, como Magdalena Vernet, instaban a los hombres y mujeres a no casarse legalmente puesto que el “contrato legal del matrimonio” esclavizaba a la mujer. León Tolstoy teorizaba principalmente sobre el alma y la espiritualidad de los seres humanos como igualitarios ante el Dios de los cristianos. Mientras que Bakunin, Kropotkin y Malatesta teorizaron sobre la organización obrera de las masas, entre quienes, por supuesto, estaban los hombres y las mujeres, en igualdad ante la organización. Así lo entendían Capetillo, Rouco Buela y Collazo.

Segundo, varios de los primeros anarquistas también podrían considerarse ideológicamente románticos y por lo tanto creían en honrar la naturaleza, lo natural, lo puro, de ahí el culto al vegetarianismo de Luisa, y al indigenismo de Juana Belén.

Tercero, como creían en el ser humano en su estado natural predicaban el amor libre, no libertinaje sexual, sino la unión de dos seres por amor “verdadero”, por el amor romántico. Y las cuatro, Luisa, Juana Belén, María y Juana, siempre apoyaron el amor libre, la emancipación de las mujeres y el culto a la maternidad.

Con este último elemento podría considerárseles a las cuatro feministas maternalistas, pues pensaban que una mujer completa era la que era madre, y que además, la madre es la que educa para la libertad. Como feministas, entonces, Capetillo, Gutiérrez, Rouco Buela y Collazo, también apoyaban firmemente el derecho de las mujeres a la educación amplia y completa. También creían que las profesiones y oficios no deberían tener barreras por razón de sexo.

Es importante señalar que como anarquistas estas cuatro valientes mujeres latinoamericanas creían en el internacionalismo proletario, en la solidaridad entre países y en la unión de los obreros en federaciones transnacionales y transregionales. Capetillo, por ejemplo, perteneció a la Federación de Torcedores de Tabaco y como miembra de esta organización militaba en Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, México, Nueva York o Ibor City, pues ella era una obrera del mundo.

Al mismo tiempo Juana Rouco Buela y María Collazo pertenecían a la Federación Obrera Regional de Argentina (FORA) y como tal tenían lazos estrechos con diferentes países, donde también se plasmaban los ideales obreros y anarcosindicalistas. Ellas vivieron la efervescencia del activismo sindical y la agitación obrera que en muchas ocasiones culminaron en huelgas. Reconocieron a los mártires de la causa de la emancipación obrera y feminista. Ellas contribuyeron a mover la rueda de nuestra civilización.

Creo que durante aquellos primeros años del Siglo XX, los obreros y las obreras organizados en federaciones anarquistas tenían una mayor alianza entre si, y era tal la solidaridad latinoamericana que muchos historiadores contemporáneos quedarían sorprendidos al conocerla.

La historia de las mujeres ha sido invisibilizada, lo mismo ha ocurrido con la historia de la organización obrera. El estudio profundo del pensamiento y el movimiento anarquista también ha sido ignorado. Por lo tanto estas cuatro heroicas mujeres han sido triplemente minusvaloradas: por sus ideas feministas, sindicalistas y anarquistas. Todavía no se ha estudiado en profundidad la interrelación de estas tres disciplinas teóricas y su continuada influencia en el movimiento feminista y del movimiento de mujeres latinoamericanas hasta nuestros días en el Siglo XXI.

Pienso que los historiadores, oficiales y no oficiales, del movimiento obrero han pasado por alto el impacto de la ideología de los obreros y obreras del socialismo libertario o anarquismo en favor del socialismo marxista leninista. En el movimiento y en las ideas anarquistas, porque enfatizan menos las estructuras y reglamentos que en el marxismo, las mujeres tuvieron una cabida más amplia, se les consideraba iguales. A las mujeres se les invitaba a pensar, filosofar y a definir la familia, la educación, la cultura, el amor, la vinculación con el mundo espiritual. Es por eso que creo que el feminismo latinoamericano estaba tan profundamente imbuído de las ideas anarquistas.

La influencia del anarquismo puede percibirse en las feministas anarquistas pero también en las que no se identificaban abiertamente con este ideal, pues el anarquismo estaba ya al interior del feminismo. Estas ideas han trascendido hasta nuestra época, la segunda del feminismo. Es por esto que creo que debemos trazar la ruta de las ideas anarco sindicalistas y su influencia en el feminismo latinoamericano; creo que hacerlo sería de enorme importancia para las mujeres de nuestros días.

Cuando todas las piezas del rompecabezas de nuestras ideas y nuestras vidas estén puestas en su lugar, estas cuatro mujeres --que hoy nos parecen tan adelantadas--tendrán su espacio real en la época que les correspondió vivir.

 

REFERENCIAS

Horowitz, Irving L. (1975) Los anarquistas. Tomos I y II. Madrid, España: Alianza Editorial.

Lau Jaiven, Ana. (2002) “Juana Belén Gutiérrez de Mendoza: Me doblo pero no me quiebro”. Xochimilco, México, ensayo en copia computarizada.

mujer/fempress. (1992) Santiago de Chile. Número especial dedicado a las Pioneras del Feminismo Latinoamericano.

Sapriza, Graciela. (1988) Memorias de Rebeldía: Siete Historias de Vida. Montevideo, Uruguay: GRECMU.

Valle Ferrer, Norma . (1990 1ra. ed, 1998, 2da. ed.) Luisa Capetillo: historia de una mujer proscrita. San Juan de Puerto Rico: Editorial Cultural.

Vernet, Madeleine. (1919-1920) “Sur la amour libre”, en La Mére Educatrice, Paris, France, Troisiéme Année, pp. 83-87.

 


 

Publicado en: Norma Valle Ferrer, “Anarquismo y feminismo: la ideología de cuatro mujeres latinoamericanas de principios del Siglo XX”, Revista Cultura, Instituto de Cultura Puertorrique_a, San Juan de Puerto Rico, junio 2004, pp. 91-99.

 

© Norma Valle Ferrer

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